
“A todos: con
alegría, ¡lanzarse adelante!...”
P. Guido Gandolfo, ssp
Llegados al
final de este espléndido viaje online –“un mes con nuestro
Fundador”–, surge espontánea una pregunta: ¿qué fruto deseamos
sacar? En otras palabras: ¿cómo dar continuidad a las luces que esta
rica experiencia de Familia nos ha regalado?
Una vez más
viene en nuestra ayuda el proprio P. Alberione. En efecto, podemos
tomar algunas indicaciones de la meditación que él tuvo en el
Santuario Regina Apostolorum, la mañana del 29 de junio de 1957, con
motivo del 50° aniversario de su ordenación.
En tal circunstancia, el Fundador manifestó ante todo los
sentimientos que llenaban su corazón y que deseaba fueran
compartidos por todos los presentes; en segundo lugar, dirigió a
cada Congregación palabras de grandísimo significado, que aun hoy no
podemos leer sin conmovernos.
¿Qué
consigna nos aguarda para el camino? La captamos de labios del
Fundador.
1. Ante todo,
una sentidísima alabanza al Señor. El P. Alberione percibe
que todo ha sido don de Dios: las continuas inspiraciones de lo
Alto, las aprobaciones por parte de la Iglesia, los reconocimientos
de los Dicasterios pontificios, etc. Para el Fundador, el mérito es
de sus hijos e hijas: “Habéis actuado bien, habéis correspondido a
la divina vocación”. Y mientras alaba al Señor y desea que esa
actitud sea constante en la Familia Paulina, advierte que no se
trata de una cosa fácil: “Alabar es uno de los deberes difíciles;
pocos en verdad saben alabar cristiana y religiosamente...”.
Pero él no tiene dudas: «Cada uno de vosotros se lo dice a Jesús
con sencillez y hondo reconocimiento: “por el favor de Dios
soy lo que soy...”».
A distancia
de cincuenta años, profundamente conscientes de la estupenda
benevolencia de Dios con nosotros, nuestra alabanza se vuelve de
veras incesante...
2. Una precisa
orientación: “Cada día tras las huellas del Apóstol”.
El P. Alberione recuerda que la benevolencia de Dios “nos puso en
un camino y en un apostolado diversos del hasta entonces seguido
ordinariamente”. Una de las convicciones más repetidas en el
Fundador era que san Pablo mismo “se ha constituido” la Familia
Paulina; y ya años antes había interpretado así la recomendación del
Apóstol: «Él dice a los paulinos: Conoced, amad, seguid al divino
Maestro Jesús... Esta invitación es general, para todos los fieles y
devotos suyos. Para nosotros hay algo más, pues somos hijos. Los
hijos tienen la vida del padre; por tanto, hay que vivir en él, de
él, por él, para vivir de Jesucristo... Jesucristo es el perfecto
original; Pablo fue hecho y él mismo se hizo para nosotros forma, de
modo que en él nos forjemos, para reproducir a Jesucristo...» (San
Paolo, octubre de 1954).
De aquí el
claro compromiso: «La Familia Paulina, compuesta de muchos miembros,
sea Pablo-vivo en un cuerpo social. Hemos de conocer y meditar a san
Pablo en la vida, obras, cartas, para llegar a pensar, razonar,
hablar y obrar como él; e invocar su paterna asistencia».
3. Una
invitación acuciante: “Vivir más perfectamente nuestra vida
querida por Dios”. El P. Alberione recuerda la “pregunta
fundamental” que él se planteaba con sus más estrechos
colaboradores: «Estas
Familias, en sus constituciones, espíritu, apostolado y
organizaciones, ¿tienen una espiritualidad y un apostolado por los
que puedan dar santos para el cielo y apóstoles a la Iglesia?».
Tal es la
única preocupación del P. Alberione: que todos sus hijos e hijas
sean santos y apóstoles. O mejor, santos-apóstoles,
santas-apóstoles, capaces de dar a Cristo Jesús a los hombres de hoy
con los medios de hoy y los nuevos lenguajes de la comunicación.
Una
consigna de peso, sin duda. Pero nos infunde plena confianza la
intercesión potente de nuestro beato Fundador, como él mismo nos
prometió: «Así pretendo pertenecer a esta admirable Familia Paulina:
como servidor ahora y en el cielo, donde me ocuparé de quienes
emplean los medios modernos más eficaces para el bien: en santidad,
en Cristo [y] en la Iglesia» (AD 3).
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