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LA EXPERIENCIA PARROQUIAL Del
P. ALBERIONE:
SIGNIFICADO y
CONSECUENCIAS
Hna. Suzimara Barbosa de Almeida,
sjbp
A quienes tienen
algún conocimiento de la biografía del P. Alberione, este argumento
podría hacerles surgir un interrogante: una sola y breve experiencia
de ministerio pastoral directo, in una parroquia, come vicepárroco,
¿iba a traer consecuencias relevantes para su futuro apostolado y el
de sus fundaciones?
De hecho, sabemos
que, después de la ordenación sacerdotal, el P. Alberione, ejerció
sólo durante nueve meses la responsabilidad de vicepárroco en
Narzole. En tal periodo pudo administrar algunos bautismos, celebrar
las funciones con el pueblo, predicar unas homilías, encaminar a
unos pocos adolescentes al seminario –¿futuros paulinos?–,
reflexionar sobre la posibilidad de un instituto femenino que
pudiera ayudar en la acción pastoral,
aparte otras actividades inherentes a la cura de almas como se hacía
entonces y que cabría considerar ahora poco importantes. Habiendo
sido luego llamado por el obispo para asumir la misión de director
espiritual en el seminario di Alba, dicha experiencia parroquial se
dio por concluida.
Sin embargo, el
propio P. Alberione, narrando en Abundantes
divitiæ gratiæ
suæ
el desarrollo
histórico del carisma paulino en la Iglesia, nos hace entender que
su experiencia parroquial no se redujo a eso. En la misma obra habla
él de muchas otras actividades teóricas y prácticas, realizadas
primero como seminarista y luego como neosacerdote, que le
mantuvieron en contacto directo con la realidad pastoral del tiempo
y que contribuyeron, de modo muy incisivo, a orientar su futuro
apostolado.
Precisamente tratando
del “espíritu pastoral” de la Familia Paulina, el Fundador habla
como de una de las “riquezas” recibidas por él mediante la
iluminación de Jesús-Hostia y en fuerza “de los cometidos que se le
confiaron y que desempeñó por obediencia”. Según él, tales encargos
fueron el ministerio pastoral ejercido en las parroquias donde se le
llamaba para la predicación, las confesiones, las conferencias, la
Acción Católica.
También como director espiritual del seminario desempeñó diversas
tareas que le tuvieron muy activo en el ministerio pastoral, tanto
en cuanto a reflexión y estudio, como en el aspecto práctico.
Entre las otras
actividades, recuerda que, sea como seminarista, sea como sacerdote,
durante seis años fue catequista en la catedral y en la parroquia de
los santos Cosme y Damián. Estudió pedagogía en los Hermanos de las
Escuelas Cristianas y por cuatro años, de 1910 a 1914, estudió los
métodos y la organización catequística en las parroquias, la
formación espiritual, intelectual y pedagógica de los catequistas.
Tuvo la oportunidad de participar en congresos catequísticos, formar
parte de la comisión catequística diocesana, compuesta por tres
sacerdotes, para la elaboración de los textos escolares y los
programas catequísticos diocesanos. Afirma además que en este
periodo hizo del catecismo un estudio y un apostolado particulares.
Asimismo, siguiendo
las orientaciones de Pío X sobre la necesidad de reforzar la
catequesis, organizó en la diócesis jornadas de la Biblia en las que
se explicaba la Escritura en forma de catequesis con aplicaciones
catequísticas, de donde se derivaría la edición del Evangelio con
notas catequísticas.
También se mostró
activo en el campo social, participando en congresos sobre este
tema, manteniendo contactos con los exponentes de la Acción Católica
de entonces. Con el canónigo Chiesa tuvo parte activa en dar vida a
la Unión Popular en las parroquias, después de haberse disuelto la
Obra de los Congresos.
Ciertamente a través de estos varios contactos, tuvo la oportunidad
de captar las reales necesidades de la pastoral.
Como profesor en el
seminario, para enriquecer la orientación que debía dar a los
seminaristas y dirigirles en primeros pasos del sacerdocio,
reflexionó con los demás sacerdotes acerca de la cuestión pastoral y
propuso indicaciones concretas: “Durante dos años, con doce
sacerdotes, en conferencias semanales, estudió los medios para una
buena y renovada pastoral. Sobre este tema consultó y obtuvo
sugerencias escritas (que transmitía a los seminaristas y a los
jóvenes sacerdotes) de unos quince vicarios foráneos. De aquí nació
el libro (1913) Apuntes de Teología pastoral”.
Además de reflexionar
con otros, el P. Alberione leyó las mejores obras del tiempo sobre
la cuestión pastoral,
que le abrieron nuevos horizontes acerca de las necesidades reales
de la cura de almas en aquel entonces, sobre todo respecto a
la necesidad de alcanzar a las masas, cada vez más alejadas de la
Iglesia. Estos conocimientos los transmitió en la formación de los
nuevos sacerdotes albeses: “Insistió sobre la catequesis y la
predicación directa, y que se la acompañara de la Palabra de Dios
escrita (clase de oratoria 1912-1915), teniendo presente a toda
clase de personas, especialmente a las masas”.
En concomitancia con
tales estudios y reflexiones, en este mismo periodo el P. Alberione
comenzó la publicación de la revista Vida Pastoral (1912),
dirigida a los sacerdotes italianos. Esa revista acompañó todo el
desarrollo de las fundaciones paulinas y favoreció la pastoral
eclesial abriendo un canal de comunicación entre él y los
sacerdotes. La publicación de los boletines parroquiales era una
praxis de los primeros años de apostolado de los paulinos/as, prueba
de la sintonía existente con el contexto parroquial.
Volviendo ahora al
interrogante que nos planteábamos al comienzo, cabe decir que justo
en la experiencia práctica, en el contacto directo y atento con los
sacerdotes y con la gente, a través de los diversos compromisos
desempeñados, las lecturas sobre la realidad, la oración ante la
Eucaristía, fue como Alberione percibía la necesidad de algo que
diera un viraje en la pastoral tradicional de la Iglesia. Como
afirmaba él mismo (AD 82), después de la ordenación sacerdotal,
«tuvo diversos contactos y experiencias pastorales. Sentía cada vez
con mayor intensidad: “Id, predicad, enseñad, bautizad”». Y así iba
naciendo en su corazón la santa inquietud sobre la necesidad de un
nuevo lenguaje, de una nueva forma de ejercer la bimilenaria
práctica de la cura de almas en la Iglesia.
Podemos afirmar que
justo a través de esta experiencia parroquial Alberione llega, poco
a poco, a equiparar la pastoral tradicional con la que utiliza los
nuevos medios de comunicación que estaban viniendo a la luz: diario,
revista, radio, televisión, etc.
Él era un sacerdote
incardinado en la diócesis de Alba, en continua relación con
sacerdotes y parroquias. Metido de lleno en tal realidad, al lado de
los sacerdotes de su tiempo, busca nuevas veredas, nuevos lenguajes,
nuevos métodos para llegar a la gente. Sabemos muy bien que a veces
no se le entendió en esta búsqueda. Sufrió, y mucho, para hacer
aceptar en la Iglesia su intuición de la equivalencia entre la
predicación oral tradicional y la escrita o transmitid con otros
medios. Pero no cabe nunca olvidar que lo nuevo,
aportado por él y por sus fundaciones, nació porque estaba enraizado
profundamente en la realidad y en la problemática concreta del
tejido eclesial en el que Alberione vivió y actuó. Consiguientemente
no es posible comprender la misión de los Institutos paulinos fuera
de esta relación eclesial y a favor de ella. Una presencia que lleva
continuamente a la búsqueda de nuevos horizontes.
Diversas veces el P.
Alberione afirmó que todos los Institutos paulinos están a servicio
de la pastoral.
Y en esta línea, me atrevería a decir que la presencia de las
Hermanas de Jesús Buen Pastor en la Familia Paulina, con la misión
específica de la “cura de almas”, en colaboración con los pastores,
han sido y siguen siendo aún hoy, un toque de atención para mantener
el necesario nexo con la pastoral eclesial con la que todos deben
permanecer en continuo contacto para proponer de manera siempre
nueva e integral la buena noticia de Jesús Maestro y Pastor.
Son proféticas las
palabras del papa Pablo VI dirigidas al P. Alberione en 1969:
«Miradlo: humilde, silencioso, incansable, siempre alerta (…),
siempre atento a escrutar los signos de los tiempos, es decir las
formas más geniales de llegar a las almas… Nuestro P. Alberione ha
dado a la Iglesia nuevos instrumentos para expresarse, nuevos medios
para vigorizar y ampliar su apostolado, nueva capacidad y nueva
conciencia de la validez y de la posibilidad de su misión en el
mundo moderno y con los medios modernos».
Es una invitación
permanente a no alejarse de lo concreto de la pastoral eclesial,
proponiendo siempre nuevos horizontes, en todo lugar y tiempo.
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