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FORMACIÓN LITÚRGICA DEL JOVEN SANTIAGO ALBERIONE
HNA.
M. Iwona Kopacz, pddm
El P. Santiago Alberione, cuando
participó en el concilio ecuménico Vaticano II, presentó diversas
propuestas, entre ellas algunas tocantes a la vida litúrgica. Las
recordamos:
1.
A todos los sacerdotes que celebran
para los fieles la Misa festiva de precepto, se les imponga la
obligación de predicar la homilía, en forma catequística y en lengua
vulgar. Sólo así, en muchos lugares, el pueblo cristiano puede
instruirse en la religión y en la doctrina cristiana. Parece además
muy útil y deseable que se edite un manual oficial directivo para la
explicación dogmática, moral y litúrgica de los evangelios y de las
epístolas de las fiestas de precepto.
2.
La liturgia de la santa Misa, en
especial la dominical, parece que deba reformarse, sobre todo en las
partes variables, de modo que acompañe de veras el Año litúrgico y
establezca lo que se debe aprender y disponga los ánimos a pedir las
gracias espirituales.
3.
Para que el pueblo cristiano
participe en la liturgia con mayor fruto, parece que se debiera
permitir un uso adecuado de la lengua vulgar en algunas acciones
litúrgicas.
4.
Parece también deseable que se
conceda, para satisfacer al precepto festivo, la validez de escuchar
la Misa transmitida con los medios audiovisuales, en determinadas y
bien definidas circunstancias (por ej. para los encarcelados…).
5.
Parecería una óptima cosa, en materia
litúrgica, que se redactase un Código litúrgico, en el que
poder recoger y reordenar todas las rúbricas litúrgicas prescritas,
de modo que todo sacerdote pueda consultarlas fácilmente.
6.
Convendría introducir un ciclo
trienal en cuanto a las lecturas (Epístolas y Evangelios) de los
domingos comunes (después de Epifanía y después de Pentecostés), de
manera que se les presentara a los fieles, en tres años, todas las
Cartas de los Apóstoles y todo el Evangelio.
La sensibilidad
litúrgica, que tanto caracterizó la vida del P. Alberione, tomó
forma en él con las primeras manifestaciones de fe cristiana.
El primer contacto de
Santiago con la liturgia, o mejor con las funciones litúrgicas, como
se decía en su tiempo, tuvo lugar en la iglesia parroquial de San
Martín en Cherasco. Allí aprendió a ayudar a Misa, y escuchó muchos
sermones; participó en las vísperas y demás funciones litúrgicas;
recibió los sacramentos de la penitencia, de la Eucaristía, de la
confirmación. Parece que las funciones litúrgicas le fueran
congeniales.
Ciertamente un gran
influjo lo ejerció el gran papa León XIII y en particular Pío X, que
para el P. Alberione fue no sólo un modelo digno de imitación sino,
en campo litúrgico, un maestro a quien seguir en sus dadas para la
reforma del Misal, del Breviario, del canto, la participación en la
Eucaristía, etc.
En el seminario, el
joven Santiago Alberione encontró un buen ambiente también bajo el
aspecto litúrgico. Pudo participar, con los demás clérigos, en las
solemnes celebraciones de la catedral o de otras iglesias de la
ciudad. Desempeñó el cargo de maestro de ceremonias, fue sacristán
en la capilla del seminario, y ceremoniero del obispo. En ese tiempo
llegó incluso a preparar un libro de ceremonias. Estas ocupaciones
le llevaron a gustar cada vez más la oración de la Iglesia y con la
Iglesia, y le estimularon al deseo de tener iglesias adecuadas para
buenas funciones litúrgicas.
Siendo seminarista
fue apóstol de la comunión frecuente, más aún diaria, en el
seminario, siguiendo en esto las orientaciones de monseñor Eugenio
Galletti (1816-1879, obispo de Alba desde 1867), y de san Pío X.
Luego, ya joven sacerdote, colaboró, con otros sacerdotes de la
diócesis de Alba, en la actuación práctica de los decretos de san
Pío X respecto a la comunión frecuente, la comunión de los niños y
de los enfermos, y del viático para los enfermos en peligro de
muerte. Inculcó también todas estas orientaciones apostólicas en las
clases y en el púlpito.
Habiendo sido
encargado más tarde de dar clases de liturgia en el seminario, para
prepararse tuvo que profundizar esta materia; y lo hizo con su
típica metodología, como se ve en cuanto escribe al respecto en su
historia carismática, Abundantes divitiæ gratiæ suæ. Sacó
mucho provecho de la lectura de numerosos autores sobre el tema de
la liturgia: Guillermo Durando (1230-1296), Bartolomé Gavanti
(1569-1638), Luis Rodolfo Barín (1883-1933), Gaspar Destéfani
(1884-1952), Próspero Guéranger (1805-1875), Emmanuel Caronti
(1882-1966), Alfredo Ildefonso Schuster (1880-1954), Pedro Veneroni
(1862-1935), Ludovico Eisenhofer (1871-1941), Gaspar Lefèbvre
(1880-1966) (cfr. AD 71). En otro lugar de la historia carismática
recuerda también al canónigo Teobaldo Varaldi (1876-1936), que fue
organista de la catedral, compositor de canto y de música sacra
(cfr. AD 170).
La mayoría de estos
personajes estuvieron enrolados en el movimiento litúrgico, que
intentaba devolver a la liturgia su debido lugar entre las ciencias
teológicas y en la vida de la Iglesia. Por entonces estaba muy
difundido un concepto formal, más aún formalista, de la liturgia,
reduciéndola al conjunto de las normas que deben observarse en la
celebración de los sagrados ritos.
Una orientación para
el desarrollo de su formación litúrgica, el P. Alberione la tomó
también de su obispo: «En un tiempo yo predicaba preferentemente el
dogma – le dijo monseñor José Francisco Re–; después la moral; pero
hoy creo más útil exponer las oraciones litúrgicas, con las
enseñanzas dogmáticas y morales relacionadas con ellas» (AD 73).
Esta formación
litúrgica, adquirida particularmente en el seminario de Alba, tendrá
pleno desarrollo en su acción de formador, de fundador y de apóstol
de la comunicación social. Para el beato Santiago Alberione, es la
escuela del año litúrgico donde se forma el cristiano, el religioso
y el paulino, hasta poder decir con san Pablo: «Ya no vivo yo,
vive en mí Cristo».
Como Fundador dará
existencia en la Familia Paulina y en la Iglesia a un Instituto que
con la vida y la misión honra a Jesús Maestro viviente en la
liturgia. Y como apóstol de la comunicación social está concienciado
de que el objetivo de la comunicación entre los hombres es la
comunión, una comunión que tiene su origen en Dios y que en la
acción litúrgica se comunica a la humanidad. |