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EL P. ALBERIONE Y
LA EUCARISTÍA
HNA. M. Paola Mancini, pddm
Para este
aporte, con motivo del centenario de la ordenación sacerdotal del
Primer Maestro, me sirvo de un curso de Ejercicios espirituales dado
en 1980 a los Gobiernos generales de las Hijas de San Pablo y de las
Pías Discípulas del Divino Maestro, en el que participé, sobre el
tema “Carisma e identidad”. Acercándome a tal argumento
experimento viva gratitud a nuestros animadores, el P. Rafael
Castañeda ssp y la Hna. Antonietta Martini fsp, ambos ya en la Casa
del Padre. A ellos corresponde el mérito de habernos introducido con
amor en el libro fundamental de nuestra identidad carismática como
Familia Paulina, por haberlo hecho con la pasión de personas que no
sólo habían estudiado la figura del beato Alberione, sino que creían
en la riqueza del carisma paulino. Entrambos nos enseñaron a gustar
nuestra principal fuente carismática, el
Abundantes divitiæ gratiæ suæ.
El tema, presentado
por el P. Rafael Castañeda, fue enfocado desde una perspectiva
bíblica, a partir de la experiencia de la conversión de Pablo de
Tarso, mientras que la Hna. Antonietta nos guió en la lectura del
texto del AD.
El título de este
libro, que refiere la experiencia carismática de Alberione, está
tomado de la Carta a los Efesios (2, 4-8):
“Dios,
rico en misericordia, por el gran amor que nos tuvo, cuando
estábamos muertos por las culpas, nos dio vida con Cristo –estáis
salvados por pura generosidad–, con él nos resucitó y con él nos
hizo sentar en el cielo, en la persona de Cristo Jesús. Con esa
bondad suya para con nosotros, por medio de Cristo Jesús, quería
mostrar a las edades futuras su espléndida e incomparable
generosidad”.
En este texto paulino el P. Alberione entrevió la penetración de la
bondad de Dios en su vida, como en la de Pablo y respecto a cada uno
de nosotros: abundantes riquezas de gracia por parte de Dios. Tanto
en Pablo como en Alberione vemos como línea convergente una gran
experiencia de la bondad de Dios. Es él quien nos ha hecho conocer
el misterio de su voluntad.
En el Abundantes
divitiæ quien escribe es el P. Alberione, a los 50 años de su
sacerdocio. Estas páginas son la historia de Dios en él:
carisma=experiencia de Dios. Lanza una mirada retrospectiva para
captar la extraordinaria generosidad de Dios con nosotros. Tanto en
Pablo como en Alberione percibimos una gran fe y contemplación. En
el Abundantes divitiæ el P. Alberione se pone ante Dios: con
los verbos en pasiva se releva la acción de Dios, el sujeto es
siempre Otro: “¡Todo viene de Dios! (n 4). La actitud
del Fundador es de alabanza, de conciencia de la propia nulidad y
fragilidad. Se nos muestra como el hombre que ha dado el salto en
Dios. Es consciente de haber sido elegido por Dios como mediador de
un don que transmitir a los demás. De aquí brota la experiencia de
la propia pobreza, puesta en parangón con las “abundantes
riquezas de gracia concedidas a la Familia Paulina en Jesucristo”
(n.4). Pide ser en la FP como un siervo: siervo de Yahvé, uno
que consume la vida por Dios; que afirma querer desaparecer de la
memoria para ser instrumento que comunica el divino querer. El P.
Alberione tuvo que tomar del Señor y dar a los demás. Antes de las
obras se nos presenta la espiritualidad que vivir: entrar en el
misterio de Jesús Maestro, camino, verdad y vida, para manifestarlo,
para ser una fuerte proclamación de este misterio.
Como a Pablo le
deslumbró una luz en el camino de Damasco, así también Alberione
percibió al Señor (cfr. AD 13-32). Para el Primer Maestro
esta experiencia tiene un lugar preciso: la catedral de Alba,
y un tiempo: la noche. Para Pablo fue el camino de Damasco
y, como tiempo, hacia mediodía. También Moisés fue alcanzado
por Dios (cfr. Ex 3, 2-12 ) junto al monte del Señor, allende
el desierto. Estos hombres percibieron una situación de incomodidad
de la sociedad, y Dios les alcanza en lo ordinario de sus vidas.
Alberione advierte la desorientación cultural de su tiempo y se pone
a leer las obras de Toniolo, confrontándose con su experiencia
socio-eclesial. Sin embargo se capta bien que algo viene de fuera.
Para Pablo (He 26, 12-18), una luz venida del cielo. Para
Moisés, una llamarada entre las zarzas (Ex 3, 2-12). Para el
joven seminarista Alberione, “de la Hostia vino una luz especial”
(AD 15). En esta luz, fuerte para los tres, hay una misión, no
una mera emoción. Cobra vida un mandato preciso. A Alberione le
pareció claro: “Venite ad me omnes! Se sintió obligado a
prepararse para hacer algo por el Señor”, a trabajar con otros.
Se da en todos la señal de la asistencia divina. En Alberione: “Vobiscum
sum”, “Yo estoy contigo”; se repite esta promesa. Tales
personas llevan en el rostro las marcas de la experiencia. “A las
diez de la mañana algo debía traslucirse de su interior, porque un
seminarista (luego fue el canónigo Giordano) al encontrarse con él
se mostró maravillado” (AD 21).
La Eucaristía es el
manantial y el contenido de esta experiencia (cfr. AD 18-20)
y unifica la vida. La visión de Dios es iluminación, fruto de la
escucha atenta de la palabra de Dios y de una honda sintonía con la
Iglesia, con sus pastores. Ello le consiente entrar profundamente en
la vida de la Iglesia, de la sociedad y captar la necesidad de
llevar el Evangelio a las masas.
Los apóstoles viven
en plena gratuidad, para Dios y para la Iglesia, (cfr. AD
23-24.). Para Alberione, prepararse significa unificar la vida:
todo converge hacia la experiencia de Dios, dando consistencia y
profundidad (cfr. AD 9, 20, 21).
La
espiritualidad que nos entrega es eucarística: conciencia del propia
nulidad y de la presencia de Dios con nosotros en la historia: “Yo
estoy con vosotros… en la Eucaristía”. Después de tales
acontecimientos, parece que estos hombres ya no son libres:
Alberione “se sintió profundamente obligado”. La experiencia
pasa a ser determinante y a ella se referirán continuamente.
Para nuestra
fisonomía espiritual y apostólica hemos de apuntar a esta
experiencia como gozne de nuestra identidad. Ahí percibimos las
intenciones por las que el Espíritu nos ha querido en la Iglesia, en
respuesta a necesidades urgentes del momento histórico. Alberione
ora por el siglo que comienza. Se le vuelve clara la necesidad de
hacer penetrar el Evangelio en las masas, “le pareció comprender
el corazón del gran Papa, las invitaciones de la Iglesia” (AD
15).
Además de la
experiencia carismática fundante, él afirma, “por inspiración
ante Jesús eucarístico” (AD 29), que toda otra riqueza le ha
sido dada a la Familia Paulina.
Por cuanto
concierne a la Familia Paulina, hace un discernimiento continuo ante
la Eucaristía. Reconoce que el vínculo de comunión de la Familia
Paulina es eucarístico: “Se da un estrecho parentesco entre
nuestras Congregaciones, pues
todas han nacido del sagrario. Tienen un único espíritu: vivir la
vida de Jesucristo y servir a la Iglesia. Hay quien representa a
todos intercediendo ante el sagrario...”
(AD 34).
La contemplación que
el beato Alberione vive lleva las señales de aquella iluminación
inicial y le conduce a madurar muchas opciones de estilo paulino:
“Estas cosas y experiencias, meditadas ante el
santísimo Sacramento,
maduraron la persuasión: siempre, solamente y en todo, la romanidad”
(AD 56). “Las aspiraciones son las del corazón de Jesús en la
Eucaristía; en el único apostolado «para dar a conocer a
Jesucristo»” (AD 65). “Del canónigo Chiesa había aprendido a
trasformarlo todo en objeto de meditación y de oración ante el
Maestro divino, para adorar, dar gracias, propiciar, pedir” (AD
68). “Esta riqueza, [dada] a la Familia Paulina, ha madurado y ha
llegado como las demás: por la luz y la acción de Jesús-Hostia”
(AD 82).
Podríamos considerar
como base teológica de su experiencia las siguientes expresiones:
“Secreto de grandeza es modelarse en Dios, viviendo en Cristo. Por
eso [sea] siempre claro el pensamiento de vivir y obrar en la
Iglesia y para la Iglesia; de injertarse como olivos silvestres en
la oliva vital, Cristo eucarístico; de pensar y alimentarse de cada
frase del Evangelio, según el espíritu de san Pablo” (AD 95).
La consigna para
nosotros, Familia Paulina, por parte del proprio Jesús Maestro llega
algunos años más tarde, en otra experiencia fuerte. “En el sueño
que tuvo después, le pareció tener una respuesta. Jesús Maestro, en
efecto, decía: «No temáis, Yo
estoy con vosotros. Desde aquí quiero iluminar. Vivid en continua
conversión». El «desde aquí» salía del Sagrario, y con
fuerza; como queriendo dar a entender que de Él, el Maestro, se ha
de recibir toda la luz. Habló de esto con el director
espiritual, advirtiendo en qué luz se hallaba envuelta la figura del
Maestro. Le respondió: «Tranquilízate; sea sueño o no, lo que
dijo es santo; haz de ello como un programa práctico de vida y de
luz para ti y para todos los miembros»” (AD 152-154). |