
EL SUEÑO DE
UN SANTUARIO
P. Walter Lobina, ssp
Hablar del Santuario Reina de los Apóstoles significa, ante
todo, hablar del beato Santiago Alberione. Él sintió pronto la
exigencia de una iglesia dedicada a la “Reina de los Apóstoles”. La
espiritualidad paulina, en efecto, se basa y se alimenta en el
conocimiento y seguimiento de Jesús Maestro, Camino Verdad y Vida.
Esta unión con Cristo, el paulino la alcanza a través de la devoción
a María, Reina de los Apóstoles, y teniendo por modelo al apóstol
Pablo.
Por ello, en 1938,
para organizar lo mejor posible la vida religiosa y apostólica de
los paulinos, enviados a Roma para fundar una nueva casa, el P.
Alberione afirma: «Hay necesidad de construir una iglesia adecuada
para la comunidad, que sería un homenaje a María Reina de los
Apóstoles… En Alba se ha erigido una gran iglesia en honor del
divino Maestro, otra en homenaje a san Pablo; ahora es necesario
rendir también homenaje a nuestra Madre, Maestra y Reina de los
Apóstoles».
Al año siguiente
muestra con orgullo el proyecto en la portada de la revista Unión
Cooperadores Apostolado de la Prensa: «Nos alegra poder publicar
el boceto de la nueva iglesia María Reina de los Apóstoles…».
La decisión del P.
Alberione, al entrar Italia en guerra el 10 de junio de 1940, se
acrecienta con un pacto con la Virgen: «María, Madre y Reina de
los Apóstoles, si salvas todas las vidas de los nuestros y de las
nuestras, construiremos aquí una iglesia a tu nombre».
El voto adquiere
fisonomía al acabarse la guerra. Y en mayo de 1945, a pesar de las
muchas dificultades económicas y la complicada configuración del
terreno, el P. Alberione decide la construcción de un grandioso
templo dedicado a la Reina de los Apóstoles.
«La iglesia dedicada
a nuestra Madre, Maestra y Reina será: una prueba
duradera de reconocimiento a María; una oración viviente por
nuestras necesidades; un centro de devoción y piedad mariana;
un faro de luz para las vocaciones; un trono de gracia
para todos; un imán para las vocaciones religiosas y
sacerdotales» (P. Santiago Alberione, en: Vida Nuestra,
octubre de 1945).
«Las iglesias a san
Pablo y a Jesucristo divino Maestro ya están construidas; ¡no
olvidemos ahora a la Madre!... En Roma será la iglesia central de la
Pía Sociedad, de las Hijas de San Pablo, de los Cooperadores... Será
la iglesia de la piedad mariana... Será la iglesia de las
vocaciones» (P. Santiago Alberione, La iglesia a la Reina de los
Apóstoles, en: Unión Cooperadores Apostolado de la Prensa,
enero/febrero de 1946).
«Es la iglesia de las
vocaciones, porque será centro de oración para obtener santas y
buenas vocaciones sacerdotales y religiosas» (P. Santiago Alberione,
El sacerdocio, en: Unión Cooperadores Apostolado de la
Prensa, mayo/junio de 1946).
Otros hubieran
esperado hasta tiempos mejores, mas para el P. Alberione no se
trataba sólo de cifras. Era una cuestión de fe y de reconocimiento.
«María ha mantenido su promesa, nosotros debemos mantener la
nuestra». La palabra de orden pasó a ser, pues: construir.
Se hizo un nuevo
proyecto, que traducía, en todas las expresiones de arquitectura,
escultura y pintura, la idea sobre la vocación y misión de la propia
iglesia.
«La iglesia a la
Reina de los Apóstoles será el pensamiento dominante de 1947; será
la gracia que cada día pediremos; será nuestro trabajo y tarea
principal», dirá el P. Alberione.
«Algunos dicen: “Se
gasta mucho para la iglesia a la Reina de los Apóstoles”. Se
responde: ¡pero esto es cavar un pozo que debe quitar la sed y
regarlo todo! No es una pérdida, ni significa empeñar dinero
improductivo, sin intereses: de la iglesia tendremos los más altos
intereses… de la iglesia obtendremos los mayores bienes... Esta es
la hora de la Madre; ocasión de gran mérito».
El 20 de agosto de
1947, bien de madrugada, en un altar improvisado, el P. Alberione
celebra la primera santa Misa en la Cripta del Santuario en
construcción. Dirá: «No nos detengamos en la obra humana: es Dios
quien lo ha hecho. Sólo a Dios el honor y la gloria. Por su bondad
hemos llegado a este punto. De hoy en adelante no miréis ya este
edificio como una imponente construcción que crece, sino como la
casa de Dios, casa de oración» (P. Santiago Alberione, Un poco de
crónica. Desde Roma, 19-20 de agosto, en: Vida nuestra,
septiembre de 1947).
«Esta es la iglesia
cabeza y centro de las Familias sampaulinas; es la iglesia de la
Congregación, ¡no una iglesia más!... Debe surgir, pues, del afecto
y del corazón, del sacrificio y de la oración, de la oblación y de
la tarea de toda la Familia sampaulina; a ella se dirigen los
pensamientos, los deseos, los obsequios de cada Casa, de cada país,
de cada hijo, de cada familia. Es la Casa de la Madre; la morada de
“nuestra Señora”. Y de esta casa, de esta iglesia, de cada ladrillo
que se coloca, bajará sobre cada uno, sobre cada casa, sobre cada
país la bendición fecundadora de la Madre, acompañada de su mirada y
de su mano protectora. Queremos ser todos una piedra viva y eterna
de esta iglesia» (P. Santiago Alberione, San Paolo,
octubre-noviembre de 1947).
Desde 1947 a 1951
prosiguen el trabajo y los sacrificios. Ladrillo sobre ladrillo, van
levantándose los muros y la bóveda toma forma, con toda su
majestuosa grandeza.
«La nueva iglesia no es
la simple capilla de una comunidad, por más que también en esto
sería la preciosa y santa habitación de Dios en medio de los
hombres. Tampoco será una iglesia para uso de la población
circunstante, aunque también este fin bastaría para justificar la
construcción y los gastos.
La nueva iglesia está
destinada a ser el grandioso y devoto Santuario de María. Es el voto
del reconocimiento de hijos e hijas. Es la expresión del amor más
intenso a la Madre. Es el trono de gracias que María esparcirá sobre
toda la tierra. Es el encuentro, la luz y la fuente de muchas
vocaciones. Aquí, la Virgen que transforma los pecadores en santos.
Aquí, la Virgen que cambia a los santos en apóstoles. Aquí, el gozo
y el consuelo de quien trabaja para Jesucristo y para la verdadera
Iglesia.
Ya se piensa en el
esplendor de las solemnidades litúrgicas. Ya se piensa en las
devotas e íntimas funciones diarias. Ya se piensa en las
peregrinaciones, en las confesiones, en las innumerables comuniones.
Las continuas adoraciones multiplicarán para la Iglesia los
escuadrones de sacerdotes, religiosos y religiosas. Los cantos y las
oraciones tocarán los corazones. La Palabra de Dios elevará las
almas en la luz divina. El dudoso será iluminado; el débil será
fortificado; el enfermo será curado; el afligido hallará consuelo;
el estudiante alcanzará la ciencia, todos encontrarán paz, salud,
salvación» (P. Santiago Alberione, ¿Templo o Santuario a la Reina
de los Apóstoles?, en: Unión Cooperadores Apostolado de la
Prensa, septiembre/octubre de 1950).
Durante la Novena
de preparación a la dedicación del Santuario, el P. Alberione
afirma: «Esta iglesia tiene algo importante con respecto a la
humanidad. En la iglesia se constituirá la adoración continua, es
decir, presentaremos a Jesús, por medio de María, las súplicas por
las vocaciones; y no sólo por las vocaciones paulinas. Hoy la
Iglesia [universal] tiene que resolver el problema de los problemas:
el de las vocaciones. Las pediremos para toda la tierra, para todas
las instituciones, para todas las diócesis, para todos los
apostolados. Nuestro corazón debe ser amplio, estar abierto. Abierto
a las necesidades de todos, amplio para incluir a todas las almas.
Debe estar formado según el corazón de Jesús. “Acercaos a mí
todos los que estáis rendidos y abrumados, que yo os daré respiro”
(Mt 11,28)».
En la inauguración de
la iglesia, el 5 de diciembre de 1954, el P. Alberione indica
algunas de las finalidades de ella: «Puede servir suficientemente,
ya como centro de piedad eucarística y mariana, ya como lugar de
continuas adoraciones por todas las vocaciones…».
«Vocaciones para
todos los apostolados, vocaciones para todos los Institutos
religiosos, vocaciones para todos los seminarios, vocaciones para
todas las naciones: entre ellas, especialmente las vocaciones para
los apostolados más urgentes, más modernos, más eficaces» (P.
Santiago Alberione, Dedicación…, en: San Paolo,
noviembre/diciembre de 1954).
Evangelizador en la
cultura de la comunicación, el P. Alberione quiere que el Santuario
“Reina de los Apóstoles” sea no sólo un lugar de culto, sino una
“palabra” dirigida a cuantos se acercan y entran en él.
Se trata de tres
iglesias superpuestas. Los elementos estructurales de mayor
relevancia son los cuatro pilares, que demarcan un cuadrado
sobrepuesto a la cruz griega. Inscrita en dicho cuadrado está la
circunferencia correspondiente al deambulatorio y al arquitrabe en
la Cripta, y al pavimento de la nave en la iglesia superior,
haciéndose visible externamente en el tambor, en el ciborio y en la
linterna.
Es interesante la
simbología de las figuras geométricas descritas: el cuadrado
representa la tierra, el círculo la divinidad. Las dos figuras se
compenetran en un movimiento vertical de arriba abajo, para
significar la voluntad de Dios de bajar entre los hombres y habitar
entre ellos, y de abajo arriba queriendo expresar el anhelo de los
hombres de tocar el cielo.
El centro de la
circunferencia representa, ya sea el punto de confluencia de las
líneas de fuerza de todo el templo, ya sea el punto de irradiación
de las mismas: la arquitectura parece hablar y decir: “recordad que
habéis nacido de la Hostia”, y: “desde aquí quiero iluminar”.
Externamente, en el
friso, va la dedicación “B(EATÆ) M(ARIÆ) V(IRGINIS) REGINÆ
APOSTOLORUM” (lado sur) y las tres citas –“AB HINC ILLUMINARE VOLO”
(lado este), “VOBISCUM SUM - NOLITE TIMERE” (lado norte), “PŒNITENS
COR TENETE” (lado oeste)– narran, amplificándolo, el mensaje ínsito
en toda la elaboración del templo.
También la
decoración, en el interior de las tres iglesias, sigue una unidad
doctrinal. El tema narrativo expresado e ilustrado por
letreros, frescos, esculturas y mosaicos, es el siguiente: “El
camino de la humanidad, por medio de María, en Cristo y en la
Iglesia”. El P. Alberione había imaginado cantar la historia
de la salvación de la que María es el espléndido ejemplo en la
luz de Dios.
Esa historia tiene su
base en la Sotocripta, repunta del altar de la Cripta, que
representa los albores de la historia de la salvación, y crece hacia
arriba, hasta la luz del Espíritu que se cierne en la cúpula
superior y se derrama sobre la historia del mundo.
Esta es, a grandes
líneas, la catequesis:
• Sotocripta:
Dios quiere salvar a los hombres, y de ahí el plan de salvación,
desde la creación del mundo y del hombre, hasta el día de su entrada
en la eternidad.
• Cripta: este
plan universal de salvación se proyecta en la persona de María, la
Madre de Dios, mediante las promesas, las profecías y las alegorías
que la conciernen.
• Santuario/Templo:
el plan de salvación se realiza a través de la misión de Jesús y de
María, y revierte sobre el hombre de todos los tiempos.
Es de destacar el
gigantesco retablo/mosaico representando a María que da a Jesús
al mundo.
«A los hombres María
les presenta a Jesús. Nos ofrece su fruto: “Bendito es el fruto de
tu vientre, Jesús”, que es el Camino. Ella es la reparadora frente
al demonio, que ofreció a los progenitores el fruto prohibido y
causó la muerte. Su fruto es Jesús-Hostia; fruto de la piedad
mariana, la piedad eucarística» (P. Santiago Alberione, La
iglesia a la Reina de los Apóstoles, en: Unión Cooperadores
Apostolado de la Prensa, enero/febrero de 1946).
«No se sabe aún
suficientemente cuanto concierne a María Reina de los Apóstoles. Una
vez oí decir esta frase extraña: “En la imagen de la Reina de los
Apóstoles no hay nada respecto al apostolado”. ¿Pero no está la
Virgen que da a Jesús? ¿Y qué es el apostolado si no dar a Jesús? No
hacéis una distribución de pan: hacéis una distribución de verdad,
para dar al mundo a Jesús. Así que en la imagen de la Reina de los
Apóstoles está todo» (P. Santiago Alberione, Predicación a las
religiosas, 1 de mayo de 1951).
Jesús, bendiciendo (o
en el acto de la “dicción”), tiene en su mano izquierda el rollo del
Evangelio, única fuente de Verdad y Sabiduría que “escrutar”,
comprender y comunicar. Es esta también la misión del paulino.
La Virgen es venerada
como Madre, Maestra, y Reina de los Apóstoles. A sus pies hay un
grupo de 15 personajes: son los Apóstoles (12, incluido Matías)
custodios de la preciosa herencia que les dejó el Maestro; más los
dos Evangelistas no apóstoles, transcriptores del mensaje de
salvación; y el apóstol Pablo que, colmado de Espíritu, entrega el
Evangelio a todas las gentes.
A los lados del
ciborio del sagrario está el letrero (en latín) “Desde aquí –o sea
desde el sagrario– yo quiero iluminar”, porque fulcro de luz es la
Eucaristía. Mientras, a los lados del sagrario van los letreros (en
latín) “Yo soy la luz del
mundo” – “Vosotros sois la luz del mundo”, que recuerdan la misión
del paulino como anunciador de salvación, guía para las gentes a
imitación de Cristo Maestro.
En el umbral de
entrada a la iglesia aparece el letrero (en latín): “Acógenos,
Madre Maestra Reina de los Apóstoles - Ruega a tu Hijo que mande
obreros a su mies”. Es como una invocación por el apostolado. En
este templo se viene sobre todo para pedir a la Virgen todas las
gracias concernientes a la vocación, todas las vocaciones:
• en su surgir,
como respuesta a la divina llamada;
• en su
crecimiento, durante el tiempo de la formación;
• en su vivencia
del apostolado, bajo cualquier forma, por todas las necesidades de
la Iglesia. |