"PERSONAS QUE COMPRENDEN A LA FAMILIA PAULINA
Y FORMAN CON ELLA
UNIÓN DE ESPÍRITU Y DE PROPÓSITOS"
Carla Romano
Los
Cooperadores son “personas que entienden a la Familia Paulina y
forman con ella unión de espíritu y de propósitos... – Persiguen los
dos fines: santificación y apostolado”.
El Cooperador paulino, en la idea del
beato Santiago Alberione, es una persona llamada por Dios a realizar
una misión apostólica particular. La vocación del Cooperador fue la
primera percibida y sustanciada por el Fundador de la Familia
Paulina: el laico comprometido activamente en una obra apostólica
respondiente plenamente a los tiempos.
Asumir el carisma paulino es para
todos la señal de pertenencia a la Familia Paulina; y los
Cooperadores, asociados a la Sociedad de San Pablo y a toda la
Familia Paulina, lo comparten con los hermanos y hermanas
consagrados.
La vocación apostólica del Cooperador
paulino, por hondura y especificidad de llamada, le lleva
particularmente a desarrollar el apostolado en todas sus
expresiones: catequesis de la familia, redacción, difusión de la
prensa católica y de cualquier otro lenguaje capaz de comunicar el
mensaje evangélico.
Mas para actuar apostólicamente es
preciso pensar apostólicamente, siguiendo al modelo san Pablo. Él es
el apóstol que forma a sus propios discípulos como un verdadero
maestro, precediéndoles con la enseñanza, y antes aún que con la
enseñanza, hasta el punto de poder decirles: “¡Sed mis imitadores!”.
Los Cooperadores son en la Familia Paulina lo que ya eran para
Pablo: escogidos, asociados, formados, guiados.
Por eso, ante todo, el Cooperador
debe concienciarse de lo que es: un cristiano, seguidor de Cristo,
continuador de su misma misión, corredentor del mundo. Es un apóstol
precisamente por ser cristiano. Y un cristiano auténtico no puede
sentirse exento del empeño apostólico. Un cristiano de veras
consciente de la propia vocación y responsabilidad es por eso mismo
testigo. Y ya se sabe que el testimonio y apostolado son un reflejo
espontáneo de sólidas convicciones y de riqueza interior.
A la luz de la enseñanza conciliar,
frente a las nuevas y fuertes exigencias de los hombres de hoy, ante
las múltiples posibilidades de acción apostólica, el Cooperador
paulino ha de advertir como “deber” vocacional el retomar en sus
manos el decreto “Apostólicam actuositatem”. Un documento que
representa casi un “vademécum” de los laicos y, en particular, de
los espiritualmente adultos como son (o deberían ser) los
Cooperadores paulinos.
Si todo cristiano tiene el deber de
la evangelización, en fuerza del bautismo y de la confirmación, el
apostolado es particularmente obligado para el laico llamado
por el Señor a un compromiso específico. Y el Cooperador paulino ha
recibido del Señor una llamada y un mandato: una llamada a la que
debe dar respuesta y un mandato que vivir con amor y fidelidad
dinámica.
Así responderá a la llamada con
autenticidad de vida, con convicción de estilo, con inteligente
apertura a la evolución de los tiempos, y entonces su testimonio
será creíble y su apostolado incisivo.
Sólo de este modo el Cooperador
paulino dará respuesta a su Señor y cumplirá el mandato de él
recibido. En particular, el Cooperador ha de asimilar los dos puntos
del citado decreto conciliar que conciernen a la vida interior
y a la acción apostólica. Dos dimensiones que no pueden
separarse, pues están una en la otra. La contemplación guía la
acción, así como la acción recibe linfa continua de la vida interior
y de la contemplación. De este modo la vida del Cooperador paulino
podrá decirse plena y responder eficazmente a su vocación. Los
Cooperadores –como dice el P. Alberione– son “personas que entienden
a la Familia Paulina y forman con ella unión de espíritu y de
propósitos… Desean tener el espíritu para la propia santificación y
mostrar el propio celo con las oraciones, ofertas y obras del
apostolado paulino”. Persiguen, pues, los dos fines: “santificación
y apostolado” de los que tanta necesidad hay… hoy más que nunca en
este tercer milenio.
Siendo parte integral de la Familia
Paulina, los Cooperadores participan con ella en el ideal apostólico
de "vivir y anunciar a Cristo Camino Verdad y Vida” a los hombres de
hoy con los medios de hoy. "Laicos lanzados adelante", comparten la
espiritualidad basada en Jesús Maestro, Camino Verdad y Vida
en cuanto empeña la totalidad de la persona humana en sus modos de
ser: mente (verdad), voluntad (camino) y corazón
(vida). María, Madre, Maestra y Reina de los Apóstoles
como la que inspira, ilumina y guía en la escuela de Jesús Maestro
hacia el apostolado. San Pablo, apóstol de las gentes,
elegido como padre por su gran amor a Cristo para el anuncio del
Evangelio: las Cartas paulinas lo testifican, además de
inspirar al Cooperador en su vocación y misión.
Por lo demás, no carece de
significación el que la Asociación Cooperadores paulinos,
asimilada a una institución de carácter religioso, haya sido
aprobada por la Santa Sede con decreto de la Congregación de los
Religiosos y de los Institutos de vida apostólica, asociada a la
Sociedad de San Pablo, justo por su elevado compromiso de vida
espiritual y apostólica. Concienciados, pues, del gran valor de la
presencia cristiana en el mundo, los Cooperadores están llamados
cada vez más y mejor a vivir su vocación laical –como decía el
Fundador– "de alta tensión": ser "sal de la tierra", “luz del mundo”
y "fermento en la masa".
DECÁLOGO DEL COOPERADOR
PAULINO
SEGÚN EL P. ALBERIONE
EL COOPERADOR PAULINO
l. Atiende a su mayor santificación
según el propio estado, en el seguimiento de Jesús, divino Maestro
Camino y Verdad y Vida, bajo la mirada de María Reina de los
Apóstoles y en el espíritu de san Pablo.
2. Lee, medita, vive y difunde el
Evangelio.
3. Tiene el sentir de Cristo: conoce,
cree, ama como él.
4. Proclama y testimonia como san
Pablo: «Ya no vivo yo, es Cristo quien vive en mí».
5. Vive la Eucaristía y revierte el
amor recibido en todas las formas de actividad apostólica.
6. Se distingue por un profundo amor
a la Iglesia, viviendo los compromisos de su comunidad cristiana.
7. Está en unión de mente y de
corazón con la Familia Paulina, con la cual reza, ofrece y colabora.
8. Atento a los signos de los
tiempos, hace llegar a todos la Palabra de la verdad con los
instrumentos de la comunicación social.
9. Como María, Reina de los Apóstoles
y primera Cooperadora de la redención, da al mundo el Hijo,
Jesucristo Camino y Verdad y Vida, Maestro y Pastor.
10. En íntima unión con Cristo,
afronta con valentía y esperanza, como san Pablo, los sacrificios de
la misión. |