"Formar
y encaminar a sus miembros a una vida apostólica
de penetración
usando el cine, la
televisión y la radio,
puestos bajo el patrocinio de san Gabriel arcángel"
P. Angelo De Simone, SSP
«En nuestros días...
hay muchos jóvenes y
hombres que quieren atender a su santificación
con una vida estable,
organizada jurídicamente y guiada por la obediencia,
pero sin entrar en los
Institutos tradicionales,
es decir, sin abandonar su
ambiente de vida y de apostolado».
UPS
III, 108
Premisa.
Cien años atrás, el 29 de junio de 1907, nuestro Fundador recibía la
ordenación sacerdotal.
Entrado en el seminario de Alba y «obligado a prepararse», el joven
estudiante había empezado a observar con mayor atención como modelo
de vida y de sacerdocio a su maestro de filosofía, el canónigo
Francisco Chiesa (1874-1946), pero procurando al mismo tiempo
conocer mejor el ambiente social en el que vivía, profundizando en
las disciplinas históricas y sociales y aplicándose diligentemente
al estudio de las ciencias teológicas.
«Las grandes enseñanzas de las
encíclicas de León XIII» –escribirá el P. Alberione en 1953– se las
explicaba a los seminaristas el canónigo Francisco Chiesa,
especialmente las «concernientes a las cuestiones sociales y a la
libertad de la Iglesia» (AD 19). Serán esos los contenidos en
los que se inspirará el futuro sacerdote y fundador carismático,
haciendo madurar en él la convicción de estar siempre con la Iglesia
y bien implantado en el mundo.
Ordenado presbítero, se interesó muy
pronto por el movimiento del laicado católico, pensando ya, con
vistas a encauzar la futura Familia Paulina, en una organización
católica laical. Tal proyecto se actuará luego en la institución de
los Cooperadores paulinos (1917). Al igual que para algunas
fundaciones precedentes, también para el comienzo de los Institutos
paulinos de vida secular consagrada, Alberione se vio estimulado por
un documento eclesial: en este caso por la constitución apostólica
Próvida Mater Ecclesia, promulgada por Pío XII el 2 de
febrero de 1947, en la que se aprueba la posibilidad de vivir la
vida consagrada en abierto campo secular, y no sólo en una comunidad
religiosa.
La
fundación.
El 25 de enero de 1957, el P.
Alberione escribe, hace dactilografiar a su secretario P. Antonio
Speciale y manda enviar a las varias comunidades de la Familia
Paulina el siguiente mensaje: «Fruto del año a san Pablo:
25.1.1957–25.1.1958. Para completar la Familia Paulina y su
apostolado se requieren dos Institutos seculares, según la
constitución apostólica “Próvida Mater Ecclesia”: uno masculino y
otro femenino. – Se ha comenzado ya modestamente; siempre en
Jesucristo, Camino, Verdad y Vida».
El 3 de agosto, el P. Alberione recibe al señor Odo Nicoletti, a
quien había conocido ya en 1955, y le propone trabajar, en traje
civil, con el sacerdote paulino P. Natale Sabarino, encargado de la
difusión en las librerías; en el almuerzo le invita a su lado para
poder continuar el discurso iniciado por la mañana. Con Nicoletti
tendrá otras conversaciones: una respectivamente en septiembre,
octubre, noviembre; tres en diciembre.
En un
apunte que se remonta a finales de 1957, el P. Alberione expresa a
María, Madre, Maestra y Reina de los Apóstoles, el compromiso de
comenzar tres Institutos para completar la Familia Paulina: «Yo,
indigno hijo vuestro, acepto de corazón la voluntad de vuestro
Jesús: completar la Familia Paulina. Comenzaré los tres Institutos:
“Jesús Sacerdote”, “Virgen de la Anunciación”, “San Gabriel
Arcángel”».
En enero de 1958, el Fundador
encuentra a Odo Nicoletti nada menos que ocho veces. El 16 de
febrero le declara que él será el primero en formar parte de un
Instituto secular masculino, que la Providencia está preparando en
la Familia Paulina. En mayo tiene otros tres coloquios con él, y
volverá a recibirle en julio y en agosto.
El 25 de mayo de 1958, el P. Antonio
Speciale copia en su Diario, tomándola del cuaderno personal
del P. Alberione, la siguiente oración escrita cuatro días antes
mientras estaba en Alba:
«A María M[adre], M[aestra], R[eina].
Yo indigno hijo vuestro me rindo a la
santa voluntad del Maestro divino. Pero tengo absoluta necesidad de
estas gracias: fe proporcionada, pureza de intenciones, vocaciones,
certeza de hacer en todo sólo vuestra voluntad, las gracias
espirituales y materiales imprescindibles, los Cooperadores. = Dos
Institutos seculares. ¿Firmáis y avaláis vos, María, vos Jesús, tal
letra de cambio? Cuento únicamente con vosotros. Pido el mil por uno
= Usadme como una escoba. – Esto en penitencia de mis pecados. Todo
por Jesucristo, Camino, Verdad y Vida. – Gloria a Dios y paz a los
hombres. Todas las generaciones os canten y os proclamen
bienaventurada.
Jesucristo mediador ante el Padre;
María mediadora ante Jesucristo».
El 8 de septiembre de 1958 empieza en
la Casa de los Escritores de Albano un curso de Ejercicios
espirituales para algunos jóvenes, guiados por el P. Alberione y por
los paulinos PP. Evangelista Robaldo y Natale Sabarino, que los
predican. Se cierran el 12 de septiembre con la entrada en el
noviciado de los siguientes jóvenes: Antonio C., Francisco L., Ezio
M., Odo Nicoletti, Luis P., Daniel Pennati, Walter T. La fecha
del 12 de septiembre de 1958 se considera como la de
fundación del Instituto «San Gabriel Arcángel». El 11 de agosto
de 1960 emiten los votos: Francisco L., Odo Nicoletti, Daniel
Pennati, Luis P., Florindo A., Germán F. Estos dos últimos se
agregaron a los primeros a principios del segundo año de noviciado.
Tratando de recoger el pensamiento
del Fundador sobre los Institutos Agregados a la Sociedad de San
Pablo, podría valer esta presentación en síntesis, tomada de varias
intervenciones suyas orales y escritas:
«Seréis laicos, sin ningún distintivo
religioso, viviréis en vuestra familia, actuaréis en la escuela, en
las oficinas, en las fábricas y desempeñaréis vuestro testimonio
dentro de estas instituciones, pero seréis consagrados […]. Seréis
“sal” y “levadura” en el mundo contemporáneo […]. Estaréis
consagrados a Dios y dedicados al apostolado en el mundo y con los
medios del mundo […], para que a todos los hombres se les anuncie
Cristo que responde a todas las expectativas del espíritu humano,
más aún, las supera: Cristo Camino y Verdad y Vida […]. La Sociedad
de San Pablo, que es como la madre de los otros Institutos, debe
darles el espíritu paulino […]. El calor y la luz vital deben
descender de los sacerdotes paulinos, que tienen aquí un grande y
delicado ministerio […]. Hay que dar a Jesucristo al mundo, de modo
completo, como él se definió:”Yo soy el Camino y la Verdad y la
Vida”».
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