"IMITADORAS DE MARÍA
Y TESTIGOS DEL MISTERIO DE LA ANUNCIACIóN"
Enza Y Anna Maria, anunciatinas
El
Instituto “Virgen de la Anunciación”, fundado por el beato Santiago
Alberione y agregado a la Sociedad de San Pablo, constituye una de
las diez ramas que componen la Familia Paulina.
Pertenecen al Instituto mujeres
consagradas a Dios con la profesión de los consejos evangélicos,
viviendo tal consagración en el contexto de la secularidad, es decir
en los propios ambientes de familia, trabajo, diócesis, parroquia.
Por fuera no
manifiestan nada de particular: no llevan ningún hábito que las
distinga y no viven en comunidad; sencillamente están unidas,
reuniéndose frecuentemente en encuentros de formación, oración y
fraternidad.
Viven en el mundo pero no le pertenecen.
Permaneciendo cada una en el propio ámbito de vida, tienen la
posibilidad de llevar a Jesucristo a todos los estratos sociales.
Su vida corre sobre el doble raíl de la contemplación
y de la acción.
La fuerza para vivir su vocación-misión la recaban de
la Palabra de Dios, de la Eucaristía, de la íntima unión con la
Virgen María y con san Pablo apóstol.
NUESTRA HISTORIA
Las
raíces históricas del Instituto “Virgen de la Anunciación” se
remontan al alba del siglo XX, cuando el P. Alberione vivió, en una
adoración eucarística, su “noche de luz”. Nuestro Instituto nació de
la Hostia aquella noche de gracia, como de la Hostia nació toda la
Familia Paulina, aunque la fundación tuviera lugar en los años de
1950.
Con la constitución apostólica Próvida
Mater Ecclesia, promulgada por Pío XII en 1947, la Santa Sede
otorgó solemne reconocimiento a los Institutos seculares. El P.
Alberione vio en tal documento la ratificación de lo que, desde
hacía tanto tiempo, iba soñando en su corazón: fundar los tres
Institutos de vida secular: “Jesús
Sacerdote”, “Virgen de la Anunciación”, “San Gabriel Arcángel”
sin los que –repetía él– la Familia
Paulina no sería completa. Con pocas palabras, pero de gran
eficacia, describe la vocación y misión del Instituto:
“Almas que arden de amor de Dios y que trasforman su vida en
apostolado”.
En agosto de 1958, el Fundador
predica el primer curso de Ejercicios espirituales a doce muchachas,
que se adhieren al nuevo modo de vivir la consagración. Comienza así
el Instituto Virgen de la Anunciación. En abril de 1960, apenas dos
años después de la fundación, bajo el pontificado de Juan XXIII, la
Santa Sede aprueba los tres Institutos de vida secular como
“agregados” a la Sociedad de San Pablo.
Hoy, a distancia de casi 50 años de
la fundación, el Instituto Virgen de la Anunciación está presente en
17 naciones y cuenta unos 650 miembros. En Italia está articulado en
26 grupos, distribuidos por las varias regiones.
NUESTRA ESPIRITUALIDAD
Y MISIÓN
Por
voluntad del Fundador los diez Institutos que componen la Familia
Paulina, no obstante la especificidad de cada uno, están unidos
entre ellos por un “proyecto unitario” de espiritualidad y de
misión.
Él nos
ha concebido como “un solo cuerpo in Christo et in
Ecclesia”, que tiene:
Origen común,
el sagrario: “habéis nacido de la Eucaristía”.
Espiritualidad común:
«Vivir integralmente el Evangelio; vivir en
el divino Maestro en cuanto es Camino, Verdad y Vida; vivirlo como
lo entendió su discípulo san Pablo».
Misión común:
dar a Jesucristo Camino y Verdad y Vida a todos los hombres con
todos los medios que el progreso y la técnica ofrecen.
Nuestra espiritualidad y nuestra misión son, pues, las mismas de la
Familia Paulina; pero igual que en el cuerpo cada miembro tiene su
cometido, así en la Familia Paulina cada Instituto tiene su
identidad y especificidad.
LA IDENTIDAD ESPECÍFICA DE LAS
ANUNCIATINAS
El proprio Fundador, en un curso de
Ejercicios espirituales dado en 1959, explica, con palabras muy
incisivas, a las primeras Anunciatinas –así nos llamó él desde el
principio– el significado profundo de su misión dentro de la Iglesia
y de la Familia Paulina:
«¿Por
qué llamarse Anunciatinas? ¿Tiene alguna razón este nombre?
No es
casual. El hecho
de la anunciación y, consiguientemente de la encarnación del Hijo de
Dios cuando María dijo: “Fiat mihi secundum Verbum tuum”, es el
mayor acontecimiento de la historia, porque ahí comienza nuestra
redención. Por tanto, Anunciatinas quiere decir estar en el centro
de la historia y en el comienzo de la redención. Es el nombre más
hermoso»
(MCS,
pág.180).
Palabras luminosas para las
Anunciatinas de todos los tiempos.
Cada Instituto de la Familia Paulina
tiene su propia identidad específica, transparentada en el nombre
que lo identifica y caracteriza. El Instituto “Virgen de la
Anunciación”, estrechamente unido al misterio de la anunciación y de
la encarnación de Dios, tiene en este misterio el secreto de su
misión y de su honda identidad, que el Fundador sintetiza en dos
puntos fundamentales:
1) «Virginidad y maternidad
espiritual: aquí está la gran señal del amor que el Señor os tiene».
Las Anunciatinas están llamadas, por
vocación, a ser “imitadoras de María y testigos del misterio de la
Anunciación” y a “dar a Jesús Maestro Camino, Verdad y Vida como lo
hizo María” (beato Santiago Alberione). Su vida es como una
prolongación del “sí” de María en el hoy de la Iglesia.
El beato Santiago Alberione,
asociándolas al gran misterio de la Anunciación, es como si hubiera
querido entregarlas al corazón de la Virgen Anunciada, para que
aprendieran directamente de ella a vivir la virginidad por el reino
y la maternidad espiritual.
2) «El segundo signo del
gran amor que el Señor os tiene es que podéis ejercitar todos los
apostolados posibles aptos a vuestras particulares condiciones»…
Todos los apostolados… pero vividos
con corazón de madre y con la pasión del gran apóstol Pablo.
Las Anunciatinas viven en medio de la gente sin que
nada las distinga externamente de las personas comunes, pero
llevando en el corazón la pasión de ser levadura que fermenta y sal
que da sabor a las realidades en que se encuentran viviendo y
actuando, conscientes de que la coherencia de la vida, unida a la
bondad, a la paciencia y al amor, es la palabra más eficaz para
decir que Dios existe y ama inmensamente a cada persona.
En cualquier ambiente actúen –tanto si ocupan puestos
de responsabilidad como si viven en el silencio de la familia
asistiendo a los padres enfermos, o mediante el ofrecimiento del
dolor silencioso en una sala de hospital o de un trabajo humilde y
escondido– doquiera tratan de llevar a Jesús Camino, Verdad y Vida,
único Maestro y única salvación para el hombre.
Si tienen capacidades y medios, usan también los
instrumentos más modernos que la técnica ofrece para anunciar a
Jesús y su Evangelio; pero el medio más poderoso y eficaz de la
Anunciatina, el que llega donde ninguna técnica puede llegar, es
anunciar a Cristo Jesús con el corazón de madre, el corazón mismo de
María, e indicar a todos el camino más fácil y seguro para llegar a
Jesús, el camino que él mismo eligió para venir a nosotros: su
Madre.
Es lo que repetía a menudo el P. Alberione: «El
mundo no llega aún a Cristo porque no se le indica todavía
suficientemente el camino: María santísima». «María es el camino más
fácil y seguro para entrar en el espíritu religioso y establecer la
vida de Cristo en nosotros… Hay necesidad de Jesús, y quien lo da es
María». |