
APÓSTOLES CUALIFICADOS,
GUÍAS DE ALMAS, SACERDOTES Y OBISPOS,
A LA ALTURA DE
VIDA CONSAGRADA CON LOS SANTOS VOTOS
Sac. Furio Gauss, igs
No cabe duda de que al P. Santiago
Alberione los sacerdotes diocesanos le conocían bien. Su orientación
juvenil había sido hacia el sacerdocio en la diócesis. Su
preparación en los seminarios diocesanos iba en esa línea. Su
promesa al obispo que le ordenaba de sacerdote era dedicarse al
servicio de la diócesis. Joven sacerdote, había permanecido en el
seminario como educador, guía espiritual y profesor.
Su constante atención a los signos de
lo alto le reveló progresivamente el original proyecto que Dios
había trazado para él, la particular vocación que Dios le dirigía. Y
Alberione respondió a la llamada ofreciéndose por entero a Dios, sus
dotes, su voluntad. Fue para él un inestimable director espiritual,
en aquellos años y después, el canónigo Francisco Chiesa, también él
sacerdote diocesano.
Le costó no poco despegarse de su
presbiterio de origen. Lo hizo obedeciendo al proyecto superior que
le quería religioso y padre de una inmensa familia de consagrados.
Pero a los suyos les educó en un fuerte vínculo de unión con los
sacerdotes diocesanos. Para éstos predicó, escribió, imprimió. Dio a
sus ediciones un corte pastoral que las convertía en un válido
subsidio catequístico, litúrgico, apostólico, para el clero
diocesano, para los párrocos: desde los humildes boletines
parroquiales hasta los catecismos, los textos de sagrada Escritura,
las colecciones de formación y la impresión de revistas. Entre todas
éstas cito dos: “Familia Cristiana”, lanzada con una opción
comprometida ya desde el título: “Para que cada familia italiana sea
una familia cristiana”. Al menos en la fase de su difusión, el P.
Alberione había involucrado a todos los párrocos italianos. Y a
todos ellos les hacía llegar, por suscripción o en regalo, “Vida
pastoral”, cuidada personalmente por él y por sus mejores
colaboradores, para calificar siempre más el ministerio.
En la producción cinematográfica su
empeño era en favor de las salas parroquiales; el “paso reducido”
(en 16 mm.) fue un feliz instrumento para dar un gran salto
adelante.
Con su libro La mujer asociada al
celo sacerdotal reveló un agudo conocimiento de la psicología y
de los recursos femeninos y los encaminó al sostén de la persona del
sacerdote y de su obra. Las congregaciones femeninas, fundadas por
él progresivamente, fueron todas una referencia o a la orientación
vocacional o al apoyo pastoral del clero diocesano.
Había también sacerdotes, sensibles al apostolado de
las ediciones, que habrían estado dispuestos a dejar las propias
diócesis para seguir al P. Alberione.
Pero no podía contentarles.
Estaba aún demasiado vivo el recuerdo del momento en
que el Señor le había arrancado del ministerio diocesano. Y cada vez
se agudizaba más su atención a los signos de lo alto.
Era ya de edad avanzada, consumido
por la solicitud de las múltiples fundaciones y de tantos hijos e
hijas religiosos, cuando el gran signo de lo alto se le reveló a la
luz de la “Próvida Mater Ecclesia”. Abriendo el alma en ese momento
al Señor, le dijo: «Me rindo», aun atreviéndose a ponerle a Dios
precisas condiciones.
Había comprendido bien que se trataba
de un proyecto de elevado perfil: formar apóstoles cualificados,
guías de almas, sacerdotes y obispos, a nivel de vida consagrada con
los santos votos. Y ser para ellos maestro de espiritualidad
paulina. Los buscó uno por uno, proponiéndoles la vocación en la
vocación. Los primeros cursos de ejercicios nos los predicó él
mismo. Luego, mientras vivió, siempre vino a vernos. Gozaba en medio
de los sacerdotes. Nos bendecía, pero luego, humildemente, se
arrodillaba y nos pedía la bendición.
Los designios de la Providencia los
descubrimos siempre con retraso, pero son designios perfectos. Muy
antes de 1960, año de aprobación del Instituto “Jesús Sacerdote”, el
P. Alberione había destinado a uno de sus hijos, el paulino P.
Esteban Lamera, a «confortar a los maestros de las almas» y estaba
preparándole a tan delicada tarea. A él, como su delegado personal,
confió el Instituto “Jesús Sacerdote”. Se daba entre ambos una
perfecta identidad de mentalidad, riqueza de carisma, inmenso amor a
los sacerdotes.
Mientras vivió el P. Alberione, el P.
Lamera nos exhortó a contactar personalmente con él, para consejos,
orientaciones, estímulo. Cuando el P. Alberione murió, el P. Lamera
nos hizo viva su enseñanza con la propia vida y nos exhortaba a
pedir su intercesión.
En la Iglesia cualquier iniciativa
puede valorarse del todo sólo cuando, en el tiempo, produce frutos
de santidad. Quien ha tenido la suerte de ser llamado a la
consagración en el Instituto “Jesús Sacerdote” a lo largo de estos
primeros cincuenta años, casi, de vida, ha conocido centenares de
sacerdotes y obispos, principalmente en Italia, entre quienes de
veras han brillado una espiritualidad paulina convencida y
excepcionales virtudes.
De los frutos sacerdotales puede
valorarse el árbol, P. Alberione.
Informazione:
http://www.alberione.org/ita/fondazioni_igs_ita.html |