
EL P. ALBERIONE Y LOS INSTITUTOS DE VIDA
SECULAR CONSAGRADA
(INSTITUTOS AGREGADOS)
P. Juan Manuel Galaviz, ssp
Atento a los signos de los tiempos y
dócil a las inspiraciones del Espíritu, el beato Santiago Alberione
saludó con gozo el nacimiento de los Institutos seculares en la
Iglesia, entreviendo enseguida la oportunidad de completar la
Familia Paulina con ellos.
Su primer artículo al respecto
apareció en el San Paolo en abril de 1958. El texto se
refiere puntualmente a la Constitución apostólica Próvida Mater
Ecclesia e al motu proprio Primo Felíciter, y sobre esa
base presenta los Institutos “San Gabriel Arcángel” y “Virgen de la
Anunciación”. Condición esencial para acceder a tales Institutos
será la vocación, que entraña la voluntad y la capacidad efectiva de
conducir en el mundo una vida de santificación y de apostolado. Se
trata efectivamente de una especial llamada de Dios en orden a un
nuevo y precioso fermento cristiano en la sociedad actual.
«La
Familia Paulina
–escribe el Fundador– en su fin especial, con semejante auxilio
vería muy potenciado su apostolado y aumentada su influencia
utilizando uno de los medios más modernos, eficaces, fructuosos».
El P. Alberione ve otras muchas
ventajas, sea para los vocacionados a tales Institutos, sea para la
obra evangelizadora de la Iglesia: un camino de consagración y de
apostolado que se abre a tantísimas personas ofreciéndoles la
posibilidad de vivirla permaneciendo en la propia familia y en la
sociedad; acción apostólica que se extiende a tantos ambientes,
profesiones y organizaciones por lo general fuera del alcance de
los sacerdotes y de los religiosos; la posibilidad de continuar
esparciendo la semilla cristiana incluso en circunstancias adversas
o de abierta persecución a la fe…
Como para todas sus fundaciones, el
beato Santiago Alberione siguió un preciso proceso de
discernimiento: mucha oración, seria reflexión y varias propuestas
operativas.
Se sabe, por ejemplo, que en sus
primeras reflexiones, veía los miembros de los proyectados
Institutos como cooperadores comprometidos con votos según la propia
condición secular y cooperando más intensamente con la Familia
Paulina.
También es conocido que, a pesar de haber hablado
siempre de “institutos seculares”, al pedir y obtener de la Santa
Sede la aprobación (8 de abril de 1960) aceptó que fueran
reconocidos oficialmente como “ópera propria” de la Pía Sociedad de
San Pablo, “agregados” por tanto a ella. Su conformidad al respecto
es absoluta; así se expresó en el ya recordado abril de 1960:
«Son parte de la Pía Sociedad de San Pablo; dependen según sus
propias reglas de su Superior general. Tienen
aprobación pontificia y
definitiva»
(UPS III,184).
Es asimismo comprensible que en
muchos escritos el Fundador aplicara a los Institutos Agregados
categorías o términos propios de la vida religiosa. Sólo tras el
Vaticano II se difundirá y se hará común el uso de las expresiones
“vida consagrada” o “consagración”.
De todos modos, lo que cuenta no son
estas precisiones fáciles de entender siguiendo la evolución
histórica de estos Institutos. Es importante, en cambio, ver en el
surgir de los mismos un querer de Dios fielmente seguido por el
beato Santiago Alberione, para dar a la Iglesia nuevas filas de
consagrados/das que, en medio de las realidades del mundo y según
las necesidades del tiempo, continuaran siendo luz, sal, ciudad
colocada en alto.
Es hasta conmovedor el acto de aceptación que el P.
Alberione hace, por María, de la voluntad divina respecto a los
Institutos. Así escribió en uno de sus cuadernos personales en marzo
de 1958: «Yo, indigno hijo vuestro, acepto
de corazón la voluntad de vuestro Jesús: completar la Familia
Paulina, comenzando los tres institutos: “Jesús Sacerdote”, “Virgen
de la Anunciación”, “San Gabriel Arcángel”. Serán almas que “arderán
en amor de Dios y que transformarán toda su vida en apostolado”…».
Estando ya agonizando, el P.
Alberione recibirá aún de Dios la gracia de dar luz verde para el
comienzo efectivo del Instituto “Santa Familia”. |