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Riflessione: |

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EL P.
ALBERIONE Y LA FAMILIA PAULINA
P. Giuliano Saredi, ssp
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Audio e Testo:
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Don Giacomo Alberione
ALLE PIE DISCEPOLE DEL DIVIN MAESTRO, 1963
LA FAMIGLIA PAOLINA
n.
162 - n.
163 - n.
168
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Video:
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27 Aprile 2003: La beatificazione in Piazza S. Pietro
Omelia del Santo Padre Giovanni Paolo II
Dal DVD: A. Monge, "Giacomo fa' luce!"
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Testo: |
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Don Giacomo Alberione
Il corpo mistico della Congregazione
UT PERFECTUS SIT HOMO DEI, I, n. 281
ITA -
ESP -
ENG |
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Don Giacomo Alberione
Ritratto morale del Paolino
UT PERFECTUS SIT HOMO DEI, III, n. 58
ITA -
ESP -
ENG |
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Don Giacomo Alberione,
ANIMA E CORPO PER IL VANGELO, pag. 61ss
Mentalità paolina
ITA -
ESP |
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Don Giacomo Alberione
“Vita mutatur, non tollitur”
SAN PAOLO, Febbraio 1947 |
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EL P. ALBERIONE Y LA
FAMILIA
PAULINA
Don Giuliano Saredi, ssp
La
frase del título está tomada de una meditación dictada por el P.
Alberione a las Pías Discípulas del Divino Maestro el día de la
Ascensión de 1963 (23 de mayo). El pensamiento del paraíso sirve de
introducción a la meditación, que de hecho trata sobre la Familia
Paulina. Se invita a comprenderla en su conjunto, pues “todavía no
se la ha entendido ni en su totalidad ni en cada una de sus partes
ni en la misión que tiene en el mundo”. De aquí arrancan las
siguientes breves consideraciones.
“La
unión de espíritu. Esta es la parte sustancial”
El
P. Alberione no se cansó nunca de repetir a sus hijos e hijas
espirituales que la unión de espíritu es la parte sustancial de la
Familia Paulina y consiste en la única espiritualidad: “Vivir
integralmente el Evangelio; vivir en el divino Maestro como él es,
Verdad, Camino y Vida; vivirlo como lo comprendió su discípulo san
Pablo”. Tal es el espíritu que identifica y une a todos, aunque sean
múltiples las instituciones paulinas y diferentes los cometidos.
¿Vive en nosotros hoy este espíritu? ¿No debemos quizás
reapropiarnos
de Jesús, como él mismo se definió:
Camino, Verdad y Vida
(Jn 14,6), o sea del Cristo integral, no seccionado; alma de nuestra
vida espiritual/comunitaria (Cristo piensa, vive y obra en mí/en
nosotros), contenido de nuestro apostolado (dogma, moral, culto),
respuesta a todo el hombre (mente, voluntad, corazón)?
El
interrogante tiene sentido, si pensamos que ya en el seminario “Al
centro está Jesucristo Camino y Verdad y Vida” (septiembre de 1984)
se habló de “remoción” del concepto de Camino, Verdad y Vida, y de
la “peligrosidad” de tal remoción para el carisma alberoniano,
ratificándose después –en el Encuentro de los Gobiernos generales de
la Familia Paulina en abril de 1985– que “la expresión
Jesucristo Camino y Verdad y Vida
debe ser leída de forma prioritaria respecto a los títulos de
Maestro/Pastor”.
A
quien tenga un poco de familiaridad con los textos del Fundador, no
le resulta difícil captar la indicación constante al respecto:
espiritualidad única, “el espíritu de la Familia Paulina está en
la devoción a Jesucristo Camino, Verdad y Vida”; apostolados
diversos, “los varios institutos tienen un apostolado propio y
el título que se añade es un título para indicar el apostolado”.
“Miembros de un cuerpo místico, conformado al cuerpo místico que es
la Iglesia”
En
la aludida meditación a las Pías Discípulas, el P. Alberione dijo
que “la Familia Paulina refleja a la Iglesia en sus miembros, en sus
actividades, en su apostolado, en su misión”. En otra ocasión añadió
que la Familia se compone de varios institutos, cada uno con un
apostolado propio, porque “los apostolados en el pensamiento y en la
inspiración de Dios deben ser los apostolados más urgentes en
nuestros tiempos”.
Queriendo adentrarnos un poquito en el sentido de estas
afirmaciones, es iluminador el texto de otra meditación, que el
Primer Maestro hizo a los paulinos en abril de 1960 y que puede leerse en Ut
perfectus sit homo Dei (III, 58-61). Aunque dirigida a los
Paulinos, esta página inspirada –en la que es palpable el soplo de
san Pablo– vale como línea de fondo y de tendencia para todas las
instituciones paulinas. Del texto, imposible de resumir en pocas
palabras dada la densidad conceptual, emerge «el Apóstol incansable
que, “omnia ómnibus factus”, estaba siempre, doquier, con
todos, con todos los medios… para renovar el mundo en una luz nueva:
Jesucristo». La Familia Paulina está llamada a darle continuidad,
actualidad, presencia; a ser san Pablo viviente en un cuerpo
social, caracterizado por dinamismo, ductilidad y versatilidad
en pro del Evangelio. Hombres y mujeres de frontera, sobre todo en
los momentos difíciles para la Iglesia, y capaces de estar en la
sombra tempestivamente para dedicarse a la oración y al estudio.
Hombres y mujeres con la fantasía del apostolado, que no tienen otra
mira sino el máximo bien para todos; despreocupados respecto a
incomodidades, sufrimientos, humillaciones; sin pedir para sí
honores y reconocimientos; confiando en el premio eterno.
Cada
una de las instituciones (quién representa a todos ante el sagrario,
quién difunde la doctrina de Jesús, quién se acerca a las personas),
movidas por el único espíritu (vivir de Jesucristo y servir a la
Iglesia), da forma a ese mosaico que es el cuerpo místico de la
Familia Paulina, “cuerpo entero, compacto y trabado por todas
las junturas que lo alimentan, con la actividad peculiar de cada una
de las partes”, que de Cristo recibe fuerza “para crecer como
cuerpo, construyéndose él mismo por el amor” (Ef 4,16). De este modo
la Familia Paulina se autocomprende y autoedifica, sirve y edifica
la Iglesia con la variedad de los propios dones.
“Congregavit nos in unum Christi amor”
Sin
el amor todos los carismas pierden sentido y valor; gracias al amor,
en cambio, todos concurren a edificar el Cuerpo místico de Cristo.
El amor, que nunca tendrá fin, es la fuerza vital y constitutiva de
la comunión de los santos, porque Dios es amor; y es causa del
intercambio de bienes espirituales que se instaura entre la Iglesia
del cielo y la de la tierra. Por eso la Familia Paulina peregrina
aquí abajo cultiva la certeza de estar sostenida por la Familia
Paulina celeste, purificada ya de toda imperfección pecaminosa y
rica con la potencia de Dios. “El alma continúa desde el más allá la
vida, el afecto, la oración, el apostolado, con mucha mayor
perfección que aquí abajo”, escribe el P. Alberione.
El
mismo amor de Cristo, que nos ha congregado en unidad, no desaparece
con la muerte. Aun viviendo en condiciones diversas, seguimos siendo
hermanos/as unidos en la finalidad: gloria a Dios, paz a los
hombres. Con el paso a la “vida paulina en el cielo”, la Familia se
recompone en la comunión del amor y en la belleza originaria, como
Dios la ha querido. Quien ha sido convocado revierte su amor,
transfigurado en Dios, sobre la Familia todavía peregrina ocupada en
las “varias tareas”, haciéndose con ella y para ella intercesor,
apóstol, presencia invisible. |