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Riflessione: |

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MODELLO DI
PATERNITÀ SPIRITUALE
Hna. Giuseppina Alberghina, sjbp |
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Testo e Audio:
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Trascrizione
Don Giacomo Alberione
UT PERFECTUS SIT HOMO DEI, I, n. 344 e seguenti
ITA -
ESP -
ENG
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Testo: |
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Direttore spirituale, in
Don Giacomo Alberione
DONEC FORMETUR CHRISTUS IN VOBIS, n. 80
ITA -
ESP -
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MODELO DE PATERNIDAD ESPIRITUAL
Hna.
Giuseppina Alberghina, sjbp
En tiempos de crisis
de paternidad el beato Santiago Alberione se nos presenta como un
auténtico padre en el Espíritu, modelo de esa paternidad espiritual
tan rara y buscada. Él fue un padre que ha engendrado
espiritualmente no sólo muchos hijos e hijas, sino también muchos
padres y madres en el Espíritu. Fue un guía para muchos porque
reconoció la necesidad de ser guiado, en su camino hacia Dios, por
un padre espiritual, al cual obedeció siempre, seguro de que sólo
así habría podido cumplir la voluntad de Dios sobre él.
Sabía que únicamente quien conoce las insidias, las dificultades y
los inmensos espacios del Espíritu porque los ha vivido, se hace
experto para guiar a otros.
Alberione, apenas un
año después de la ordenación presbiteral, fue nombrado padre
espiritual de los seminaristas de Alba. Cometido que desempeñó por
unos diez años
con gran entrega y responsabilidad, sacando partido de su
experiencia como hijo espiritual, acogiendo y viviendo el don del
discernimiento de los espíritus y de la sensatez al aconsejar.
En el surco de la
gran tradición espiritual de la Iglesia,
también nuestro Fundador afirmó muchas veces la importancia de
dejarse guiar en los caminos de Dios. A este argumento dedica una
entera meditación en el Curso de los Ejercicios espirituales de un
mes, en 1960: “La dirección espiritual es parte del ministerio
pastoral. El cuidado individual de las almas se desprende de la
misión encomendada y ejercida por el divino Maestro. (…) Se trata
del arte pastoral de conducir a las almas desde el comienzo de la
vida espiritual hasta la cima de la perfección, según la vocación y
los dones y gracias de cada uno”.
El beato Alberione
tuvo siempre clara la meta hacia la cual acompañar a las
personas que se confiaban a su guía: la cristoformidad o
plena conformación a Cristo, Maestro Pastor, Camino Verdad y Vida.
Con el lenguaje tomado de la espiritualidad del tiempo, pero con una
impronta propia, Alberione reproponía a sus hijos espirituales lo
que los grandes Padres del primer milenio llamaban la
divinización del hombre.
Él les ayudaba y sostenía para que se dejasen plasmar por el
Espíritu santo, que es el artífice de la cristificación.
En su
ministerio de guía, nuestro Fundador tuvo
tres grandes modelos:
1.
El apóstol Pablo,
considerado el inspirador de toda su vida y de su obra. Lo que más
fascinaba al P. Alberione era la relación de Pablo con Cristo, tan
fecunda que permitía al Apóstol crear los nuevos lenguajes de la fe
y de la vida espiritual. Alberione toma de la experiencia mística de
Pablo
la descripción de la vida espiritual, expresada en nueve verbos: “Cristo
solo vive, piensa, obra, ama, quiere, ora, sufre, muere y resucita
en nosotros”.
En el libro Donec formetur, Alberione pone, como título y
subtítulo, el testimonio de la paternidad espiritual de Pablo: “Hijos
míos, otra vez me causáis dolores de parto, hasta que Cristo tome
forma en vosotros” (Gál 4, 19).
2.
Ignacio de Loyola,
que fue inspirador de Alberione en el discernimiento de los
espíritus, necesario para todo verdadero padre espiritual. En
efecto, el texto decisivo para la formación paulina, Donec
formetur, escrito por Alberione en 1932, está calcado sobre los
Ejercicios espirituales ignacianos, aunque tratados con un propio
toque originalísimo.
3.
El canónigo
Francisco Chiesa, que no sólo fue su padre espiritual por largos
años, sino que “desempeñó un papel de primer plano en la
formación de Santiago Alberione y sucesivamente de la Familia
Paulina. Estaba dotado de una especial intuición en la comprensión
de las necesidades de los nuevos tiempos y de la exigencia urgente
de usar todos los medios del progreso y de la técnica a servicio de
la verdad del Evangelio”.
La riquísima
experiencia de Alberione, una guía en el Espíritu aún inexplorada,
nos dice que no basta ser sólo maestro, director o acompañante, sino
que es preciso ser padre, engendrar espiritualmente hijos,
ayudarles a nacer de arriba y a crecer hasta que Cristo tome forma
en ellos.
Los medios
propuestos por Alberione son los clásicos: ante todo la oración,
como relación fundante con Cristo, y en Cristo y el Espíritu, con el
Padre, de impronta fuertemente cristocéntrica-trinitaria. El cotejo
diario de la propia vida con la Palabra, en el contexto de la
Visita eucarística y en la meditación. Una importancia particular se
da al examen de conciencia en tres momentos de la jornada,
para concienciarse de la obra que el Espíritu realiza en el corazón
y de las resistencias que nosotros oponemos. Es asimismo interesante
la sugerencia de llevar un pequeño diario donde consignar
unos apuntes esenciales para confrontarlos mensualmente con el padre
espiritual. Hay también mucha sensatez en la insistencia del
Fundador en las frecuentes invocaciones, llamadas
jaculatorias, con la función de mantener despierta la memoria de
Dios, el sentimiento continuo de su Presencia.
En primer plano está
la participación asidua en los sacramentos de la Reconciliación y de
la Eucaristía, como condiciones indispensables para una vida
cristiana que quiere alcanzar la plena estatura de Cristo.
Todo esto es
para el staretz
Alberione el trabajo espiritual, la plena colaboración a la
actividad del Espíritu en nosotros, que está en la base de la
vocación paulina. En la oración del Pacto, él invita a pedir la
multiplicación de los frutos del trabajo espiritual,
significativamente antepuesto a cualquier otra cosa: el estudio, el
apostolado, la pobreza.
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