
“LA OBRA CATEQUÍSTICA: LA PRIMERA Y
FUNDAMENTAL
OBRA APOSTÓLICA”
(P. Alberione)
Hna.
M. Agnes Quaglini, fsp
Esta expresión la
leemos en el Eco de Casa Madre, la circular interna de
las Hijas de San Pablo, en enero de 1934. El Fundador estimulaba así
a las hermanas ocupadas en la redacción para multiplicar textos y
subsidios catequísticos, como “principal obra de caridad” dirigida a
los niños, pero no sólo a ellos, como afirmará con fuerza en varias
ocasiones.
Las raíces de la
vocación catequística del P. Alberione hay que buscarlas muy atrás
en el tiempo. De joven sacerdote se había dedicado con pasión a la
formación de los catequistas en la diócesis de Alba y alrededores. Y
ya en 1922 había dado vida a un periódico titulado “Doctrina y
hechos” con finalidades claramente catequísticas. En diciembre
de 1931 nacía “Familia Cristiana”, dirigida y preparada por
las Hijas de San Pablo hasta el año 1937 cuando la dirección pasaba
al P. Luis Zanoni. Y desde los primeros números, por expreso querer
del Fundador, tenía un espacio en este glorioso semanario la “Nota
catequística y litúrgica” preparada por la Hna. Filippina Badanelli
fsp. Otra iniciativa, de incidencia apostólico-catequística no
indiferente fue la del “Seme” [Semilla], una revistilla
mensual de pocas páginas pero de alta tirada y distribuida por las
propagandistas en la visita a las familias. Trataba temas de
actualidad bajo el perfil catequético-pastoral.
Un giro decisivo en
campo catequístico se produce a comienzos de los años 1950 con la
constitución en Grottaferrata de la Casa de las escritoras,
convertida casi enseguida en Casa del Catecismo. Allí se reunieron
las primeras redactoras que la guerra había dispersado. El Fundador,
llamándolas y confiándoles la promoción de la catequesis como tarea
específica, decía: “He tenido siempre grandes planes con vosotras…
Mejor, no yo sino el Señor tiene grandes planes con vosotras. Por
eso he querido esta casa de la que se espera un real progreso en la
parte redaccional del apostolado”.
En octubre de 1952
nace “Via Verità e Vita”, la revista que el P. Alberione
quiso con gran intensidad y para la que trazó las líneas-base,
indicando claramente contenidos, método y destinatarios, como leemos
en el editorial escrito de su puño para el primer número. En él se
releva la centralidad de Cristo Maestro, Camino Verdad y
Vida, la atención a la persona humana en su integralidad y en
las varias condiciones de vida, y el método que se refiere al
discipulado e implica al hombre entero: pensamiento, voluntad y
corazón, para hacer que todo converja hacia una vida cristiana cada
vez más perfecta. El P. Alberione era siempre muy preciso y decidido
en transmitir sus intuiciones y orientaciones cuando visitaba con
frecuencia en Grottaferrata al grupo de Hijas de San Pablo al que
había confiado la misión catequística. Ellas trataron de seguir
estas líneas expresadas de manera esencial por el Fundador, quien
por su parte intentó rastrear los caminos más idóneos para responder
a las exigencias de la catequesis en Italia y a los diversos
destinatarios. La revista ha experimentado en los años sucesivos
varios cambios estructurales, pero se ha desenvuelto constantemente,
así como toda la producción catequística, siempre atenta a captar
las intuiciones y las dinámicas de la Iglesia buscando las
estrategias apropiadas para profundizarlas y traducirlas en ámbito
catequístico.
No podemos
ahora, por razones de espacio, documentar los varios desarrollos que
se han producido, tanto en Italia como en otros países. El Fundador
fue de veras incansable en promover, estimular, alentar, corregir y
empujar hacia horizontes cada vez más amplios. Porque él había
escrito en el primer editorial de la revista:
“A todos somos deudores por la naturaleza de la
vocación y según el ejemplo de san Pablo y el corazón de Jesucristo
Maestro divino”.
Su dinamismo
apostólico no conocía confines y con la apertura que le era
congenial e intentó transmitir, no sólo quería que se potenciasen
las sendas tradicionales de la catequesis (la normalmente impartida
en las parroquias, en las escuelas –donde se puede– y en las
familias cristianas), sino que consideraba indispensable asumir como
vehículo de catequesis todos los instrumentos de comunicación,
capaces de extender casi al infinito el campo de escucha de la
Palabra de Dios y hacer llegar la buena nueva a millones de hombres
con la versión moderna y eficaz del púlpito (cfr. EN 45).
La aportación
original del P. Alberione a la catequesis, de algún modo
anticipadora de las orientaciones de la catequesis oficial, nos
parece haber sido su intuición, que luego ha caracterizado el
espíritu infundido en los paulinos/as, a saber: conjugar
estrechamente el mensaje que vivir y trasmitir con la Palabra de
Dios y con la Liturgia. Él quería un catecismo lleno de doctrina,
de Biblia y de Liturgia. Un mensaje, pues, sustanciado e
iluminado por la Palabra, que lleva a la oración y a la comunión con
Dios, para hacerse vida cristiana y solidaria con todos. Una
catequesis centrada en la persona de Cristo que conduce a la
escucha, al encuentro y a la experiencia vital. Se trata en
definitiva de comunicar no sólo una doctrina y una espiritualidad
cristológica, sino de dar a conocer, amar y seguir a Jesús, hacerle
vivir a Él en la vida de todos, para llevar a
“todo el hombre y a todos los hombres a Dios en
Cristo Maestro Camino, Verdad y Vida”. |