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Riflessione: |

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“CUANDO SOY
DÉBIL, ENTONCES SOY FUERTE”
P. Domenico B. Spoletini, ssp |
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Video: |
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27 Aprile
2003: La beatificazione in Piazza S. Pietro
Il Santo padre pronuncia solennemente la FORMULA DI
BEATIFICAZIONE
Dal DVD: A. Monge, "Giacomo fa' luce!"
Versione.mov
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Versione. wmv |
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Testo: |
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Don Giacomo Alberione,
Preghiere, 2007
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PATTO O SEGRETO DI RIUSCITA
ITA -
ESP
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PER CHI SENTE SETE DI ANIME COME GESÙ
ITA -
ESP
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SUPPLICA ONNIPOTENTE
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ABUNDANTES DIVITIAE GRATIAE SUAE, n. 112
ITA -
ESP -
ENG -
BRA
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“CUANDO SOY DÉBIL, ENTONCES SOY FUERTE”
P. Domenico B. Spoletini, ssp
«El Evangelio y la
vida cristiana y la salvación dependen mucho más de nuestro
sufrimiento que de nuestra acción… Cuando nos vemos reducidos a la
inacción, por los dolores y las enfermedades, podemos obrar más
amplia y profundamente que con la acción: “Cuando soy débil,
entonces soy fuerte” (2Cor 12,10)».
Esta frase la leemos
en un escrito del beato Santiago Alberione en Vida Pastoral
(enero-febrero de 1950). El título del artículo es revelador, “Passio
catholica”: esboza la semblanza del sacerdote que toma en serio
su vida y se ofrece con Cristo por la salvación del mundo. A cien
años de la ordenación sacerdotal del P. Alberione, nos preguntamos:
¿imaginaría que, unos quince años más tarde, esos rasgos tan
paulinos iban a manifestarse en él de forma devastadora (!),
acompañándole hasta la tumba en 1971? No lo sabemos, pero sí hay una
cosa cierta: Dios le había preparado para el momento en que, de una
vida de actividad frenética, volcada por completo a la misión de
evangelizar a los hombres de hoy con los medios de hoy, pasaría a
una vida de inacción, marcada por el sufrimiento. Auténtico icono
del Crucifijo. Esto no era sólo parte de su ideal espiritual, sino
reflejo de vida. Sí, “cuando soy débil, entonces soy fuerte” (2Cor
12,10).
El apóstol Pablo, con
esta expresión, quiere poner (¡y ponerse!) en guardia ante la fácil
vanagloria por las obras realizadas. El P. Alberione lo sabía: con
él, el Señor había dado a la Iglesia un carisma nuevo y
actualísimo; una nueva y dilatada Familia que aspiraba a ser
san Pablo vivo hoy; una espiritualidad en consonancia con los
tiempos; y había visto su obra esparcirse en poco tiempo por los
cinco continentes… Se daba en él el riesgo fundado de “caer en
soberbia”. Y el Señor actúa con él como con los grandes “elegidos”
de la Biblia: el poder de Dios se revelará en la humildad del
instrumento (cfr. 1Cor 1,31).
Tres aspectos
particulares de debilidad y sufrimiento marcaron fuertemente su
sacerdocio paulino. Ante todo la precaria salud (cfr. AD 47).
Alberione fue siempre enfermizo, pero supo aceptar esto como un
“signo de la Providencia” para que madurasen mejor sus obras
carismáticas. Él afrontaba la enfermedad con una excepcional fuerza
de voluntad. Dios hacía el resto.
En segundo lugar –y
también éstas, con su debilidad, revelan la ilimitada confianza de
él en Dios– están sus grandes iniciativas: las
fundaciones, las numerosas comunidades, la impresión y difusión de
la Biblia, las nuevas tecnologías: todas o casi todas realizadas en
“tiempos difíciles” (cfr. AD 44-45), con personas poco preparadas,
con medios insuficientes, con retrasos en ver reconocida la
“novedad” de su carisma (cfr. AD 110). A veces parecía tentar a la
divina Providencia. ¿El secreto? Lo revela a sus misioneros en
Australia. «Mirad bien –les decía– que sin sacrificio no se hace
nada… La Cruz no tiene que estar sólo encima de los campanarios,
sino plantada en los corazones…Todo el bien cuesta. Las coronas de
los bienaventurados están hechas de cruces».
Y hay un tercer
punto, quizás el más revelador: el P. Alberione fue muy probado
interiormente, a causa de las infidelidades, de los abandonos,
de los fracasos de iniciativas largamente acariciadas (cfr. AD
112-113). En los últimos años, a quien le visitaba solía pedirle
oraciones “porque –decía– tendré un juicio muy severo de parte de
Dios”. Llegó inclusive a dudar de su salvación.
Alberione respondió
con generosidad total, como dejan ver sus oraciones preferidas: el
“Pacto o secreto del éxito” y “Para quien siente sed de almas como
Jesús”.
Podríamos continuar.
Estamos ante un secreto por descubrir, pues el P. Alberione asumía
sus cruces diarias con pudor, como parte de su sacerdocio, y cada
día las ofrecía en la Misa, celebrada hasta las vísperas de su
muerte. Digno cuño de un sacerdocio cargado de años, de carismas, de
entrega y de santidad. Creemos que en pocas personas se revele, como
en él, el dicho paulino: en la debilidad del instrumento se
manifiesta la fuerza de Dios.
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