
SAN
PABLO Y EL P: ALBERIONE
Sr. Filippa Castronovo, fsp
Premisa
El
P. Rolfo, un paulino de la primera hora, dos años después de la
muerte del beato Alberione escribía: «El P. Alberione encomendó a
san Pablo los proyectos que tenía en su mente, así que el 8 de
diciembre de 1917, el todavía seminarista Giaccardo podía oír de sus
labios esta frase significativa: “No es mérito mío, sino de san
Pablo, el haber abierto la casa”».
Son numerosísimos los
textos de Alberione que hablan de Pablo. Nos detenemos, de modo
particular, en el escrito carismático Abundantes divitiæ
(AD), rico en referencias a san Pablo. La edición crítica de 1998
indica 37 temas en torno a la figura del Apóstol. En AD 2, que es
como la ouverture de nuestra historia carismática, Alberione
parece afirmar que Pablo nos ha elegido, mientras en AD 64 parece
ser que Alberione escoge a Pablo. El n. 43 afirma que hubo un
doble elemento, naturaleza y gracia, tan bien armonizadas entre
ellas que no cabe distinguirlas. «Por una parte el elegir a Pablo
correspondió “al íntimo proceso psicológico y espiritual” de la vida
de Alberione; por otra se dio el toque místico de san Pablo,
comprendido y valorado con fe» (P. Roatta).
Pablo nos escogió, más aún nos
engendró
«… Todos han de mirar
a san Pablo apóstol como único padre, maestro, modelo y fundador.
Porque lo es de hecho. Por él nació [la Familia Paulina], por él fue
alimentada, él la hizo crecer y de él asumió su espíritu» (AD 2).
Convicción reexpresada, con fuerza y claridad en otros textos: «Él
(san Pablo) se constituyó la Sociedad de San Pablo, de la que es el
Fundador. No fue la Sociedad de San Pablo quien le eligió a él, sino
que él nos eligió a nosotros; más aún, nos engendró: “en Cristo
Jesús, por medio de su Evangelio, yo os he engendrado”» (SP,
octubre de 1954). Alberione considera la relación con Pablo la
‘devoción’ fontal, indispensable, del tipo paternidad/filiación.
Afirma que Pablo es padre de toda la Familia Paulina. Él la quiso,
más bien la engendró, como un padre engendra al hijo. Y ella deberé
hacerle viviente en el modo de interpretar al Maestro y de
desempeñar la misión.
«San Pablo apóstol es
nuestro padre, maestro y protector. Él lo ha hecho todo. Esta se
llama “Obra de San Pablo….”. La vida de la Familia Paulina viene de
la Eucaristía; pero comunicada por san Pablo. … Él se formó esta
familia con una intervención espiritual y hasta física, que ni
siquiera ahora, reflexionando, se puede comprender bien, y mucho
menos explicar… La Familia Paulina debe ser san Pablo vivo hoy,
según la mente del Maestro divino».
No cabe duda de que
la Familia Paulina, aquella noche que dividió dos siglos, nació de
la Eucaristía. Ésta sigue siendo para nosotros el regazo del que
fuimos sacados y la fuente que nos alimenta. Pero Alberione precisa
que Pablo es el guía en esta relación vital con Jesús, que ama y en
la Eucaristía continua dando la vida. Pablo comunica cómo vivir
eucarísticamente (con entrega total).
Alberione eligió a Pablo: le pareció
el auténtico apóstol
En AD 64,
Alberione afirma que fue él quien eligió a Pablo, e indica los
motivos.
«San Pablo, el
santo de la universalidad. La admiración y devoción brotaron
especialmente del estudio y meditación de la Carta a los Romanos…
Vio en Pablo verdaderamente al Apóstol; por consiguiente, todo
apóstol y todo apostolado podían aprehender de él. A san
Pablo fue consagrada la Familia. A san Pablo se atribuye igualmente
la curación del P.M.» (AD 64).
La Carta a los
Romanos le permitió, como sucedió a grandes santos, por ejemplo
a san Agustín, entrar en el corazón del apóstol de las gentes. Le
fascina el hecho que Pablo unifica la experiencia mística: la
santidad, el corazón, la intimidad con Jesús mediante la reflexión,
su obra en la dogmática y en la moral, con la acción misionera
profunda y universal: organización y celo por todos los pueblos.
Alberione, en una de sus meditaciones sobre la Carta a los
Romanos, especifica que ésta modela nuestro apostolado porque
nos enseña a revestirnos de Jesucristo. Nos muestra a Pablo que
adapta los principios del Evangelio a los hombres de su tiempo,
particularmente a los paganos, prestando gran atención a los
destinatarios. El Apóstol emerge con el corazón lleno de celo y amor
hacia quienes están en la ignorancia de Cristo. Finalmente, el beato
Alberione invita a amar a san Pablo como lo hizo el beato Timoteo
Giaccardo, que tenía en las Cartas paulinas su nutrimento espiritual
cotidiano y luego lo compartía con los oyentes de su predicación.
En las líneas
resaltadas por AD 64 podemos, sin forzar enfoque, entrever
una alusión a tres de las ruedas del carro paulino: santidad,
estudio, apostolado (cfr. AD 100). ¿Queda excluida la pobreza?
Considerando que en Pablo la pobreza no es indigencia material, sino
la disponibilidad de Cristo ante Dios y los hermanos, por la que
«siendo rico, se hizo pobre por vosotros para enriqueceros con su
pobreza» (2Cor 8,9), esa es la ‘rueda’ que permite funcionar bien a
la santidad, al estudio y al apostolado. Las ruedas del carro
paulino representan la totalidad de la persona en la plenitud de su
dinamismo. La pobreza paulina –la cuarta rueda para nosotros– es
apertura y disponibilidad a Dios y a la novedad que él introduce en
la historia; don gratuito de sí a los demás para enriquecerles de
vida. La pobreza infunde dinamismo a la primacía de Dios en la vida
(santidad) que la persona considera la riqueza absoluta, quedando
ante él con corazón humilde y penitente. En orden al estudio, la
pobreza es la esperanza activa del pobre, que mantiene ojos y oídos
atentos para mejorar la propia situación. La pobreza en orden al
apostolado revierte los frutos de la primacía reconocida a Dios y
del estudio que facilita el progreso en los diversos campos de
empeño espiritual/apostólico, realizado ante Dios y con gran
disponibilidad y apertura de ánimo.
Una santidad apostólica y un
apostolado santo
En el curso de los
años, casi temiendo que sus hijos olvidaran la ‘cualidad que debe
distinguirlos’, el P. Alberione recuerda:
«Antes de poner
el instituto bajo la protección de san Pablo apóstol, se rezó mucho.
Se buscaba un santo que sobresaliera en santidad y que al mismo
tiempo fuese ejemplo de apostolado. San Pablo fundió en sí mismo
santidad y apostolado»
(SdC 463).
Causa estupor notar
que, ya desde 1916, a los jóvenes que le habían seguido les dijo:
«Aquí está la
cualidad que ha de distinguiros: ayudar al prójimo a salvarse;
ayudarles de modo adecuado a las necesidades de los tiempos
y según las aptitudes de cada cual. De esta manera no
tenéis más que imitar al gran apóstol san Pablo, que no escatimó
nada por la salvación de las almas» (Apuntes, reglamento
1916, 5/2).
Una misión
inédita: el apostolado de las ediciones
Impulsado por el amor,
Pablo, contrariamente a la mentalidad judaica que no creaba
discípulos, sale de Tarso para alcanzar a todos, sin exclusión de
raza, lengua y cultura. Alberione vive en el 1900 la pasión por las
almas que Pablo vivió en su tiempo. Él, Pablo vivo hoy, tuvo la
valentía de afirmar que el Evangelio debe anunciarse a todos y con
todos los medios modernos; la osadía de decir que la predicación no
es sólo la proclamada en la iglesia desde el púlpito para los
habituales cristianos practicantes, sino también la dada por
escrito. De aquí la novedad del sacerdote escritor y del apostolado
de la prensa. Más que una novedad, es una fiel interpretación de
Pablo vivo hoy. Escribe Alberione:
«Recuérdese cómo
nació bajo la acción de Dios nuestra Congregación…. Esencia del
apostolado en general es la redacción… Pero en vuestra Congregación,
tal como está establecida, la redacción, la técnica y la propaganda
son tres elementos constitutivos de un único apostolado. El
apostolado nos hace altavoces de Dios… San Pablo concebía sus cartas
y las dictaba, reservándose el firmarlas; buenos cristianos las
multiplicaban, copiándolas; otros buenos cristianos las difundían.
Ejerció el auténtico apostolado de las Ediciones».
Pablo, el discípulo que conoce al
Maestro y vive de él
En AD 159, Alberione
manifiesta toda su fascinación por cómo Pablo conoce y vive en
Jesús. Mirando a Pablo, introduce un nuevo concepto de discípulo y
de discipulado. Discípulo es quien hace propio el misterio pascual
de Jesús y recorre el camino con los sentimientos de Jesús (Flp
2,5). Saber dar la vida es el criterio que verifica la cualidad del
discipulado. El Jesús del beato Alberione y de san Pablo no tiene nada de
romántico o de acaramelado: es el Cristo que da la propia vida. No
es, por tanto, un maestro que admirar y temer, sino el Hijo de Dios
que, gracias a su muerte y resurrección, se injerta en nosotros para
transformarnos en él, enviarnos al mundo en su lugar y con su estilo
de amor, que tiene su cumbre y ratificación en la Eucaristía.
Alberione percibe ante a sí al Cristo crucificado que transmite su
sed de almas y mueve energías misioneras.
Conclusión
San Pablo, para Alberione, es nuestro
padre, modelo, ejemplo y maestro (cfr. AD 2, 354, 344). Lo es porque
vive una profunda experiencia de Jesucristo (AD 64), y es el fiel
discípulo que se apropia la lógica del don (AD 159). Es apóstol (AD
64), caminante por el Evangelio (AD 117), abierto a los pueblos (AD
64), organizador de la Iglesia (AD 64), escritor (AD 64, 94). Su
presencia ha sido tan visible en nuestra Familia que a él se le
atribuye la curación del Fundador (AD 64). Para la FP fue la
salvación (AD 164).
Consigna para
nosotros hoy
2.
como Pablo,
se considera deudor con todos, se siente mandado en
particular a quien busca la verdad en
la oscuridad y como a tientas, para hacer “a todos la caridad de la
verdad”, la Verdad que es el Evangelio de Jesucristo Maestro y
Pastor Camino-Verdad-Vida. La misión no está en ‘afrontar grandes
empresas’ sino en hacer visible el amor radical de Jesús. Un amor
creativo que ‘inventa’ en las variadas situaciones el modo adapto
para que el Evangelio ‘toque el corazón’ de las personas (cfr. He
16,14). En el libro Apostolado de las Ediciones, Alberione
afirma que hemos de sentir el apostolado como Pablo, que vivió el
arte de hacerse todo a todos; y puntualiza que el secreto de su
adaptabilidad es la caridad, porque tenía un corazón grande, guiaba
las almas a Dios y daba a Dios a las almas;
De una tal renovada
conciencia adquiere mayor responsabilidad su consigna para nosotros:
«Su doctrina [de san
Pablo] es profundísima, vastísima; no se agota nunca y se adapta a
todos los tiempos y lugares. Para nosotros sus hijos sería un
sonrojo si no conociéramos a nuestro Padre. Entre los católicos que
estudian a san Pablo hay muchos doctos. Hay también muchas
instituciones tituladas a san Pablo. Nosotros debemos ser los más
aficionados. Cuando los hijos en una familia aman al padre, toda la
familia camina bien».
Ejercicios y meditaciones del Primer Maestro y conferencias de
la Primera Maestra en las casas de América, 224.
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