
“TODO ESTÁ En
ESTO: VIVIR DE JESUCRISTO, CAMINO, VERDAD Y VIDA”
P.
Silvio Pignotti, SSP
La espiritualidad
paulina se centra toda ella en la figura de Jesús, el Maestro. Este
título aparece con frecuencia en los evangelios. A Jesús le llaman
“Maestro” los apóstoles, la gente común y a veces incluso los
adversarios. Y él no sólo lo acepta, sino que lo reivindica para sí
en exclusiva: «Vosotros no os dejéis llamar Rabbí [maestros] –les
dice a los apóstoles–, pues vuestro maestro es uno solo y vosotros
todos sois hermanos» (Mt 23, 8; cfr. Jn 13, 13).
Proviniendo del
seminario, donde por muchos años había desempeñado el cometido de
director espiritual, el P. Alberione al principio de su fundación
adoptó las devociones allí practicadas, entre ellas la del Sagrado
Corazón. En agosto de 1921, la pequeña comunidad paulina hizo la
entrada en la primera casa de su propiedad y asumió su verdadero
nombre de Pía Sociedad de San Pablo. De aquel mismo año data la
aparición documentada de la expresión “Jesús Maestro”.
La elección del nuevo
título para dirigirse a Jesús respondía a la exigencia de armonizar
espiritualidad y misión, los dos elementos que constituyen el
carisma. La Pía Sociedad de San Pablo, en efecto, se proponía
difundir la Palabra de Dios por medio de la prensa, es decir, de
hacer con los medios técnicos lo que el sacerdote con cura de almas
hace con el anuncio oral. Como aclarará mejor en seguida el
Fundador, se trata de una auténtica obra de evangelización y, por
tanto, de una actividad de enseñanza o magisterial. En semejante
visual, era espontáneo y oportuno elegir una devoción y una
espiritualidad orientadas a Jesús Maestro.
Al cabo de un par de
años, en 1923, al título de “Maestro” el P. Alberione añadía otra
expresión, también de origen bíblico y atribuida a sí mismo por
Jesús: «Camino, Verdad y Vida». En su modo de pensar, la integración
no era una cuestión de secundaria importancia, como demuestra el uso
constante que de ella hizo durante todo el resto de su vida, sino
que refleja una preocupación fuertemente sentida por él: la
integralidad.
En la antigüedad y
hasta en los tiempos de Jesús, el maestro no se limitaba a
transmitir unas doctrinas, sino que su tarea se encaminaba a formar
toda la personalidad del discípulo. Hoy, al menos en la sociedad
occidental, la situación ha cambiado profundamente. El maestro por
lo general se limita a comunicar unos conocimientos, a enseñar, y
sus relaciones con los alumnos fuera del aula escolástica son
prácticamente nulas.
La acción de Jesús
Maestro respecto a la humanidad va mucho más allá de la transmisión
de una doctrina. Él fue maestro con toda su vida, mediante una
conducta ejemplar bajo todo punto de vista y acompañó la enseñanza y
el ejemplo con la oferta de la ayuda –la gracia– para que las
enseñanzas y los ejemplos pudieran ser asimilados y llevados por los
discípulos a la práctica. El P. Alberione, conjugando el término
“Maestro” con el trinomio “Camino, Verdad y Vida” ha querido evitar
el peligro de tomar en forma reductiva la riqueza del magisterio de
Jesús.
El sentido de la
integralidad no se agota en la consideración de la persona de Jesús
y de su obra. Para el P. Alberione, una espiritualidad auténtica no
afecta sólo a la inteligencia, sino que debe mover también la
voluntad e incluir el complejo mundo de los sentimientos que solemos
indicar con el término “corazón”. Dicho en breve, una espiritualidad
es auténtica cuando involucra a toda la persona humana. Así como el
Cristo dividido y fraccionado no salva, igualmente no se salva el
hombre fragmentado.
La espiritualidad de
Jesús Maestro, Camino, Verdad y Vida la considera el Fundador come
el elemento más precioso de la Familia Paulina. Repetidamente
aseguró a sus hijos e hijas que todo lo que les ha dado y propuesto
no es el fruto de una iniciativa personal, sino algo inspirado a él
desde arriba (cfr. AD 29; UPS I, 374). Esta aseguración vale también
para lo concerniente a la devoción a Jesús Maestro, Camino Verdad y
Vida. En 1936 se oficializó la práctica de dedicar el primer domingo
del mes al divino Maestro. Al comunicarlo en el “San Paolo”,
escribió: «Proponemos dar el primer domingo del mes al divino
Maestro; esta práctica viene de la divina voluntad, tenemos de ello
un signo físico, sensible al ojo, al oído, al tacto» (SP, 28
de octubre de 1936).
1. Asentado en esta
convicción, cultivó con intensidad en la propia conducta la devoción
al divino Maestro, Camino, Verdad y Vida, hacia la que se había
orientado mucho antes de comenzar la Familia Paulina: «Hubo en el
camino de mi vida desde 1902 personas santas que me orientaron
decididamente. El canónigo Danuso [me encaminó] hacia la devoción a
Jesús Maestro, Camino, Verdad y Vida…» (Cuadernos, 1954). –
Como resulta de estos Cuadernos personales, a menudo los
propósitos de los Ejercicios espirituales y de los retiros tenían
por objeto la devoción al divino Maestro:
* «Dirigir Misa,
Meditación, Visita hacia la devoción al divino Maestro…» (1944);
* «Obras especiales:
redacción, culto al divino Maestro…» (1945);
* «Intimidad con
Jesús-Hostia y Maestro» (1956);
* «Vivir el “Secreto
del éxito”... que cada hora de estudio rinda el ciento por uno en
las cosas que me son necesarias, en especial para el estudio sobre
Jesús Maestro» (1960).
2. Todo lo que se
esforzaba en vivirlo personalmente trató de transmitirlo a sus hijos
e hijas, llamando a menudo su atención y relevando la importancia de
tal devoción. A este respecto es altamente significativa una
meditación dictada a la comunidad romana en la Navidad de 1957: «Si
amamos esta devoción a Jesús Maestro, considerado como él es, bajo
todos sus aspectos, ciertamente progresaremos mucho, nos haremos
muchos más méritos… Estamos agradecidos a la providencia de Dios que
nos ha concedido la inmensa riqueza de entender mejor a Jesucristo.
Aceptemos esta devoción con mucha humildad y amémosla cada vez más…
Prometamos lo que es ya de obligación, lo que constituye el
espíritu, el alma del Instituto: o sea, vivir la devoción a Jesús
Maestro, Camino, Verdad y Vida: devoción que no es sólo oración,
sino que comprende todo cuanto se hace en la vida cotidiana…
«El querer de Dios,
el adquirir de veras el espíritu paulino, consiste en esto, que es
el alma de la Congregación. No se haría una verdadera profesión, si
no se adquiriese este espíritu. Tendríamos un cuerpo, pero no el
alma de la Congregación. Es preciso que ante todo tengamos el alma
para vivir de veras como paulinos y para vivir nuestra vocación.
«No se trata de una
bella expresión, no es un consejo: es la sustancia de la
Congregación; es el ser o no ser paulinos. No cabe hacer
digresiones. El estudio tiene que uniformarse a la devoción de Jesús
Maestro, Camino, Verdad y Vida; la disciplina religiosa debe
uniformarse a Jesús Maestro, Camino, Verdad y Vida; y esto debe dar
el apostolado. Cuando no da esto, es sólo fuente de distracción y no
es bendecido; cuando da esto, está en el camino, el camino de Dios,
y entonces hay bendiciones sobre bendiciones» (Pr DM 72-73).
3. Las últimas
palabras relevan otro aspecto del pensamiento del P. Alberione. En
más de una circunstancia él repitió a sus hijos e hijas que la
doctrina y la devoción al Maestro divino, Camino, Verdad y Vida era
el bien más precioso que les confiaba: «Yo no tengo ni oro, ni
plata, pero os doy lo que tengo: Jesucristo, Camino, Verdad y Vida»
(CISP 63). Pero este tesoro no está reservado a los miembros de la
Familia Paulina. Hay que compartirlo con toda la comunidad cristiana
y con la humanidad entera por medio del apostolado. Cuando comenzó
la misión paulina en el Congo, el P. Alberione escribía en el “San
Paolo” de diciembre de 1957: «Todo consiste en esto: vivir de
Jesucristo, Camino, Verdad y Vida; y hacer la caridad de Cristo
dándolo a esas poblaciones que carecen de él aunque están de él
hambrientas; y dárselo todo entero: Camino, Verdad y Vida…» (SP,
dic. II - 1957).
El deseo de que la
devoción al Maestro divino, Camino, Verdad y Vida fuera acogida y
vivida con intensidad por sus hijos e hijas y fuese promovida en
toda la Iglesia permaneció siempre vivo en el corazón del beato
Alberione, convencido de que la misma respondía a una real exigencia
de los hombres de nuestro tiempo. Acoger tal deseo será seguramente
un homenaje grato a nuestro Fundador, al recordar el centenario de
su ordenación sacerdotal. Por otra parte, él nos asegura: «Cada día
me siento más confirmado en la devoción a Jesús Maestro. Cuantos la
practiquen tendrán abundancia de gracias y consolaciones, facilidad
en hacerse santos, eficacia en el apostolado» (Cuadernos,
1946). |