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| PERFIL BIOGRÁFICO DEL P. SANTIAGO ALBERIONE |
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P. SANTIAGO ALBERIONE (1884-1971) Trazar el perfil humano-espiritual de un hombre, aunque sea de forma sintética y a partir de los datos esenciales, es siempre una tarea difícil. De todos modos, tenemos una ventaja. El mismo P. Santiago Alberione (1884-1971) nos ha dejado una preciosa llave de lectura y la interpretación del itinerario que el Señor le hizo vivir. La "doble" historia de un hombre de Dios En efecto, por el año 1953, cuando había llegado a los 70 de edad, coincidiendo con el 40 aniversario de fundación, él levanta discretamente el velo de su camino humano-espiritual y escribe así: «Si para condescender con vosotros, él quisiera narraros algo de lo que todavía recuerda y consideráis útil para la Familia Paulina, tendría que relatar una doble historia: la de las divinas misericordias, para cantar un vibrante "Gloria in excelsis Deo et in terra pax hominibus". Y también la humillante historia de la falta de correspondencia al exceso de la divina caridad y componer un nuevo y doloroso "Miserere" "por mis innumerables negligencias, pecados y ofensas"» (AD 1). La "doble historia" comienza en San Lorenzo di Fossano (Cúneo), donde Santiago Alberione nace el 4 de abril de 1884 en la alquería "Nuove Peschiere". Recibe el bautismo al día siguiente, 5 de abril, en la capilla dedicada a San Lorenzo. La familia Alberione la guiaba papá Miguel y la cuidaba amorosamente mamá Teresa Allocco. Tenía ya unos hermanos: Juvenal, Francisco, Juan; seguirán la hermanita que moriría al cabo de un año y el último hermano, Tomás. Familia de pobres campesinos, profundamente cristiana y trabajadora, que transmite a los hijos, junto con la fe, una fuerte educación al trabajo y una confianza inmutable en la Providencia. El proyecto de Dios sobre Santiago empieza a manifestarse bien pronto: en el primer año de escuela, interrogado por la maestra Rosa Cardona acerca de qué hará cuando sea mayor, él responde con claridad: «Quiero ser cura». Siguieron los años de la niñez orientados en tal dirección. En el nuevo domicilio de la familia en la región de Cherasco, parroquia de San Martín, diócesis de Alba, el párroco don Montersino ayuda al adolescente a tomar conciencia y a responder a la llamada del Señor. A los 16 años Santiago es recibido en el Seminario de Alba, y allí encuentra enseguida a quien le será padre, guía, amigo y consejero durante 46 años: el canónigo Francisco Chiesa.
Hacer "algo" por el Señor y los hombres del nuevo siglo Al final del Año Santo 1900, sintiéndose fuertemente interpelado por la encíclica del papa León XIII "Tametsi futura", Santiago secunda la invitación potente de la gracia divina: la noche del 31 de diciembre de 1900, que divide los dos siglos, pasa cuatro horas en adoración ante el Smo. Sacramento solemnemente expuesto en la catedral de Alba. Una "luz especial", como atestigua él mismo, le viene de la Hostia; y desde aquel día se siente «profundamente obligado a hacer algo por el Señor y por los hombres del nuevo siglo», "obligado a servir a la Iglesia", con los medios nuevos brindados por el ingenio humano. A raíz de tal experiencia, el P. Alberione recuerda una y otra vez a todos sus hijos e hijas: «Habéis nacido de la Hostia, del Sagrario». El itinerario del joven Alberione prosigue con gran intensidad en los años de la filosofía y de la teología. El 29 de junio de 1907 recibe la ordenación sacerdotal. Sigue una breve pero decisiva experiencia pastoral en Narzole (Cúneo), en la parroquia de San Bernardo, como vicepárroco. Durante esos pocos meses de apostolado pastoral encuentra al jovencito José Giaccardo, que será para él lo que fue Timoteo para el apóstol Pablo. Y también en Narzole, el P. Alberione adquiere una mayor comprensión de lo que puede hacer la mujer involucrada en el apostolado. Suceden los años vividos en el Seminario de Alba, desempeñando las tareas de Padre Espiritual de los seminaristas mayores y menores, y de profesor en varias materias. El jovencísimo sacerdote reza mucho, reflexiona, se da a la predicación, la catequesis, conferencias en las parroquias de la diócesis. Dedica también mucho tiempo al estudio, profundizando particularmente textos que le iluminan y le actualizan sobre la situación de la sociedad civil y eclesial de su tiempo y sobre las necesidades del hombre de hoy. Pero el Señor le quiere y le guía en una misión nueva, multiforme en cuanto a medios y estructuras, para predicar el Evangelio a todos los pueblos, en el espíritu del apóstol san Pablo: llevar a los hombres a Dios y Dios a los hombres, utilizando los medios modernos de comunicación. Atestiguan esta orientación dos libros de notable importancia, madurados por aquellos años: "Apuntes de teología pastoral" (1912) y "La mujer asociada al celo sacerdotal" (comenzado en 1911 y publicado en 1915). Mayor luz y mayor comprensión para un nuevo paso llegan en 1910, cuando el P. Alberione toma conciencia de que la misión de dar a Jesucristo al mundo ha de ser asumida y realizada por personas consagradas: «Las obras de Dios se hacen con los hombres de Dios», gustará repetir a menudo.
La misión se concreta: evangelizar con los medios modernos Para obedecer a Dios y a la Iglesia, el 20 de agosto de 1914, mientras en Roma muere el santo pontífice Pío X, en Alba el P. Alberione da comienzo a la "Familia Paulina", con la fundación de la Pía Sociedad de San Pablo. Todo sucede de forma sencilla y modesta: el P. Alberione se siente instrumento de Dios, movido por la pedagogía divina, que suele "empezar siempre desde un pesebre", en el silencio y el escondimiento. La familia humana –en la que el P. Alberione se inspira– está compuesta de... hermanos y hermanas. Él está bien persuadido del rol importante que la mujer ejerce en "hacer el bien" para gloria de Dios y para la salvación de los hermanos. La primera mujer que sigue al P. Alberione es una muchacha veinteañera, de Castagnito (Cúneo): Teresa Merlo. Con su aporte, Alberione da comienzo a la congregación de las Hijas de San Pablo (1915). Lentamente, pero con decisión, entre dificultades de todo género, la "Familia" va desarrollándose, las vocaciones masculinas y femeninas aumentan, el apostolado va tomando forma. En 1918 (diciembre) se produce una primera partida (¿cuántas seguirán?) de "hijas" hacia Susa: empieza una intrépida historia rica de fe y de juvenil entusiasmo, que engendra incluso un estilo característico, denominado "a la paulina". Resulta bastante simple seguir la cronología de estos años: ¡pero cuánto camino, cuánto progreso! Dios se hace presente y da señales evidentes de que es Él solo quien quiere la Familia Paulina. De pronto, en julio de 1923, una nube oscura parece truncar en la base todos los sueños. El P. Alberione enferma gravemente; y el diagnóstico de los médicos no deja esperanzas. Pero he aquí que, contrariamente a toda previsión, el P. Alberione retoma milagrosamente el camino: «San Pablo me curó», comentará después. Por entonces aparece en las capillas paulinas la frase que en sueño o en revelación el divino Maestro dirige al Fundador: «No temáis - Yo estoy con vosotros - Desde aquí quiero iluminar - Caminad en continua conversión». En 1924 brota a la vida la segunda congregación femenina: las Pías Discípulas del Divino Maestro, para el apostolado eucarístico, sacerdotal, litúrgico. A guiarlas en la nueva vocación, el P. Alberione llama a la joven Órsola Rivata. Entre tanto el P. Alberione, siempre abrasado de "celo" por las almas, va percibiendo las formas más rápidas para alcanzar con el mensaje evangélico a todos los hombres, en especial a los lejanos y a las masas. Intuyendo que, junto a los libros, un medio muy eficaz podía resultar la publicación de periódicos, ahí le tenemos lanzándose masivamente en esta forma de apostolado. En 1912 había nacido ya la revista Vida Pastoral destinada a los párrocos, para «que todo pastor sea un "Pastor Bonus", modelado en Jesucristo...»; ahora (1931) nace Familia Cristiana, revista semanal con la finalidad de alimentar la vida cristiana de las familias. Seguirán: La Madre de Dios (1933), «para desvelar a las almas las bellezas y las grandezas de María»; Pastor bonus (1937), revista mensual en latín, donde se trataban problemas de cura pastoral y se ofrecían profundas meditaciones bíblico-teológicas; Camino, Verdad y Vida (1952), revista mensual para dar a conocer y enseñar la doctrina cristiana; La Vida en Cristo y en la Iglesia (1952), con el fin de hacer «conocer los tesoros de la Liturgia, difundir cuanto sirve a la Liturgia, vivir la Liturgia según la Iglesia...». El P. Alberione piensa también en los muchachitos: para ellos empieza a publicar Il Giornalino (El Periodiquillo). Se pone mano asimismo a la construcción del grandioso Templo de San Pablo, primera iglesia dedicada a una de las devociones fundamentales de la Familia Paulina. Seguirán los dos Templos a Jesús Maestro (Alba y Roma) y el Santuario a la Reina de los Apóstoles (Roma). El P. Alberione se preocupa de guiar, formar y orientar a hermanos y hermanas precediéndoles en la vida - vocación - misión paolina.
De Alba al mundo: cómo Paolo siempre en camino En 1926 se hace realidad la fundación de la primera Casa "filial" en Roma, seguida en los años sucesivos por muchas fundaciones en Italia y en el Exterior. Mientras tanto, crece el edificio espiritual: se sigue con mayor comprensión y por tanto más fácilmente las enseñanzas del "Primer Maestro", acerca de la "devoción" fundamental y calificadora: "Jesús Maestro y Pastor, Camino y Verdad y Vida", junto con la devoción a María Madre, Maestra y Reina de los Apóstoles, y a san Pablo, que nos especifica en la Iglesia precisamente como "los Paulinos". La meta que el Fundador indica a todos y quiere que asuman como primer "compromiso" es la conformación plena con Cristo: acoger todo el Cristo Camino y Verdad y Vida en toda la persona, mente, voluntad corazón, fuerzas físicas. Orientación codificada en un opúsculo compuesto hacia los años 30 y que lleva el título paulino: "Donec formetur Christus in vobis". En octubre de 1938 el P. Alberione funda la tercera congregación femenina: las Hermanas de Jesús Buen Pastor o "Pastorcitas", destinadas al apostolado pastoral en auxilio de los Pastores. La segunda guerra mundial (1940-1945) marca un compás de espera; pero el Primer Maestro, aun obligado a permanecer en Roma, no se detiene en su itinerario espiritual. Mientras aguarda condiciones mejores para actuar, va acogiendo en medida cada vez más radical la luz de Dios en un clima di adoración y contemplación crecientes día a día. Fruto de tal actitud adorante son los escritos que él sigue regalando a sus hijos, de gran relevancia para la Familia Paulina. Recordemos sólo la "Via humanitatis" (1947), altísima relectura del camino de la humanidad en óptica mariana ("per Mariam, in Christo et in Ecclesia"), y el que fue su sueño irrealizado: el Proyecto de una enciclopedia sobre Jesús Maestro (1959). Para el P. Alberione la actividad a pleno ritmo recomienza a finales de 1945, con los grandes viajes alrededor del mundo, con el fin de visitar y confirmar a hermanos y hermanas. Queda "deslumbrado" por el Oriente (India, China, Filipinas...): las muchedumbres, los millardos de personas... Pero ¿cuántos conocen a Jesucristo? «¡Me lanzo adelante! No hay que pensar en cuanto se ha hecho, sino más bien en cuanto queda por hacer». El período 1950-1960 son los años de oro de la consolidación de la Familia Paulina: todo florece en vocaciones, fundaciones, ediciones, iniciativas múltiples, empeño en la formación, en el estudio, en la pobreza. En 1954 se celebra el 40 aniversario de fundación, documentado en un volumen publicado con el título "Mi protendo in avanti" (Me lanzo adelante). Fue justo en esta ocasión cuando el P. Alberione logra vencer su natural esquivez en hablar de sí mismo y entrega a sus hijos los apuntes que se publicarán con el título "Abundantes divitiæ gratiæ suæ" y que se considera ahora como la "historia carismática de la Familia Paulina". Con la fundación de la cuarta congregación femenina, el Instituto Reina de los Apóstoles para las vocaciones (Hermanas "Apostolinas"), dedicadas al apostolado vocacional (1959) y con los Institutos agregados, San Gabriel Arcángel, Virgen de la Anunciación, Jesús Sacerdote, Santa Familia, se completa el gran "árbol" de la Familia Paulina, pensada y querida por Dios. El P. Alberione se halla a la guía de unas diez mil personas, incluidos los Cooperadores Paulinos, unidas todas entre ellas por el mismo ideal de santidad y de apostolado: la llegada de Cristo, Camino, Verdad, Vida, a las almas y al mundo, mediante los instrumentos de la comunicación social.
De la Iglesia del Concilio a la Iglesia del cielo En los años 1962-1965 el Primer Maestro es protagonista silencioso, pero muy atento del Concilio Vaticano II, en cuyas cuatro "sesiones" participa diariamente con vivo compromiso. Un día de particular júbilo es el 4 de diciembre de 1963, cuando se promulga el Decreto conciliar "Inter Mirifica" sobre los instrumentos de la comunicación social como medios de evangelización. Así lo comentó él: «Ahora ya no podéis tener dudas. La Iglesia ha hablado». Y añadió: «Os he dado lo mejor. Si hubiera encontrado algo mejor, os lo daría ahora, pero no lo he encontrado». Entre tanto, no faltan tribulaciones y sufrimientos al padre común. Entre los más agudos, la muerte de sus primeros hijos e hijas. El 24 de enero de 1948 vuelve al Padre el sacerdote Timoteo Giaccardo, que Alberione considera «fidelísimo entre los fieles». Luego, el 5 de febrero de 1964, llega un nuevo, profundo dolor por la muerte de la Primera Maestra Tecla (Teresa Merlo), la mujer que nunca dudó y vio en él al hombre transmisor de la voluntad de Dios. En aquella ocasión, el P. Alberione no se recató de esconder las lágrimas. Puesto ya en el tramo final del camino terreno, puede afirmarse que el secreto de tanta multiforme actividad fue su vida interior, con la que él realizó la adhesión total a la voluntad de Dios, y cumplió en sí la palabra del apóstol san Pablo: «Mi vida es Cristo». Cristo Jesús, particularmente el Cristo eucarístico, fue la grande, la única pasión del P. Alberione: «Nuestra oración es en primer lugar eucarística. Todo nace, como de fuente vital, del Maestro eucarístico. Así nació, del sagrario, la Familia Paulina; así se alimenta, así vive, así actúa y así se santifica. De la misa, de la comunión, de la visita eucarística procede todo: santidad y apostolado». El Venerable P. Santiago Alberione permaneció en esta tierra 87 años. Cumplida la obra que el Padre celeste le había encomendado, el 26 de noviembre de 1971, dejó la tierra para ocupar su sitio en la Casa del Padre. Las últimas horas del P. Alberione tuvieron el consuelo de la visita y la bendición del papa Pablo VI, que nunca ocultó su admiración y veneración por el P. Alberione. Para todos los miembros de la Familia Paulina es sobremanera apreciado el testimonio que quiso dejar el papa Pablo VI, en la memorable audiencia concedida al Primer Maestro y a una nutrida representación de miembros de la Familia Paulina, el 28 de junio de 1969: «Miradlo: humilde, silencioso, incansable, siempre alerta, siempre ensimismado en sus pensamientos, que van de la oración a la acción, siempre atento a escrutar los "signos de los tiempos", es decir, las formas más geniales de llegar a las almas... Nuestro P. Alberione ha dado a la Iglesia nuevos instrumentos para expresarse, nuevos medios para vigorizar y ampliar su apostolado, nueva capacidad y nueva conciencia de la validez y de la posibilidad de su misión en el mundo moderno y con los medios modernos. Deje, querido P. Alberione, que el Papa goce de esta prolongada, fiel e incansable fatiga y de los frutos por ella producidos para gloria de Dios y bien de la Iglesia». El 25 de junio de 1996 el Santo Padre Juan Pablo II firma el Decreto con el que se reconocen las virtudes heroicas y el consiguiente título de Venerable atribuido al P. Santiago Alberione.
Don Luigi (Gino) Valtorta, ssp |