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Ingresé entre las Discípulas del Divino Maestro el 11 de octubre de 1951, a
los 14 años. Vi al Primer Maestro desde el banco de nuestra capilla, cuando él
avanzaba despacio hacia el altar desde la nave central al canto del Veni,
Creator Spiritus, para dirigir la meditación. Esta escena se repetía una o
varias veces al mes. Aprendí pronto a centrarme totalmente en su persona, en
sus ojos, en su palabra: comprendía y experimentaba que me unían a Dios.
Tanto en
Alba como en Roma veía al Primer Maestro desde el banco de la capilla. Toda
visita suya contribuía a dar más significado a mi vida y a mi vocación. Me
parecía que él estaba enamorado de la vocación-espiritualidad-vida de las Pías
Discípulas, y yo permanecía casi a su sombra, sencillamente, desde el banco de
la capilla. Allí, sin ser observada, pero muy cercana a él, me fui viendo
crecer en edad, sabiduría y gracia.
Con ocasión
de la Profesión religiosa, las novicias pasamos el examen canónico con el
Primer Maestro. Sentí cierto temblor en aquella circunstancia y me decía a mí
misma: "¿Me leerá el alma? ¿Me dirá que no tengo vocación? ¿me mandará a mi
casa?" Nada de todo esto, sino que me hizo algunas preguntas sencillas y me
acompañó hasta la puerta con una sonrisa.
Me impactó
su mirada hacia lo alto, como hacia lo lejos. Pronto me di cuenta de que "me
parecía sentir lo que él sentía": El mundo me llamaba... Cuando se presentó la
ocasión, me apresuré a manifestar a la Madre M. Lucía Ricci, entonces
superiora general, que me gustaría ser misionera.
Atribuyo
esta vocación a la influencia que ejerció sobre mí el Primer Maestro. Me
pareció comprender que él ardía de celo por Dios y por los pueblos. Aquel "Cor
Pauli cor Christi erat" que había leído en la balaustrada del Templo de San
Pablo, me decía que el Primer Maestro era ahora el nuevo Pablo enamorado de
Cristo. Más de una vez sentía mi corazón muy unido al de
Pablo-Cristo-Alberione: mi corazón y el suyo, formando unidad.
Llegó el día
de partir para la misión. Cuando fui a saludar al Primer Maestro, me preguntó:
¿Qué irás a hacer en Brasil?" Le respondí que me ocuparía de las jóvenes en
formación. Me miró entonces atentamente y se puso a decirme de qué Maestro
somos Discípulas. En un flash me hizo ver la Via Humanitatis.
Recuerdo que
me dijo:
«Acuérdate
de enseñar que el magisterio del Divino Maestro comienza cuando Dios dijo: "Sea
la luz...", su magisterio prosigue a través de Abraham, Moisés, los Profetas...
y finalmente con la anunciación del Verbo... y el Verbo se hizo carne y habitó
entre nosotros... y caminó por los caminos de Palestina, enseñando, curando y
haciendo el bien... Cuando llegó su hora, libremente se entregó a sí mismo,
bendijo el pan diciendo: "Tomad y comed todos de él, esto es mi cuerpo...",
después tomó el cáliz: levantando los ojos al cielo "Tomad y bebed: éste es el
cáliz de la nueva alianza, derramado por vosotros y por muchos para el perdón
de los pecados..." ¿Comprendes que éste es el magisterio terreno de Jesús
Maestro?
Pero el
punto central de su magisterio lo tenemos en su Pasión, Muerte, Resurrección y
Ascensión al Cielo. Después envió el Espíritu Santo sobre la Iglesia...
¿Comprendes
que Jesús Maestro prosigue su magisterio aquí en la tierra desde el
Tabernáculo...? Es un magisterio eucarístico. Tendrás que ampliar mucho este
tema a las jóvenes para que comprendan las virtudes eucarísticas de Jesús
Maestro, su kénosis eucarística. Esto tiene una importancia vital para
vosotras Pías Discípulas del Divino Maestro. Recuerda a la humanidad: ¿adónde
va esta humanidad, qué camino recorre? ¿Qué Maestro la conduce? ¿Es el Divino
Maestro Camino, Verdad y vida el guía de esta humanidad?»
A este
punto, el Padre Alberione, fijándome, apoyó con fuerza la mano sobre la mesa y
dijo: "¿Comprendes de qué Maestro sois Discípulas vosotras? Y fijando
los ojos de padre en mis ojos, prosiguió: "El magisterio del Divino Maestro
acompaña a través de los siglos a la humanidad en su regreso al corazón de la
Trinidad de donde salió". Y añadió todavía: "No te olvides del
magisterio de Jesús Maestro glorioso en el seno de la Divina Trinidad. Así
como lo prometió, ha ido a preparar un lugar para nosotros junto al Padre".
Saliendo
de este encuentro, me sentí como si hubiese estado en el monte Tabor. Desde
aquel mes de agosto de 1963 el magisterio universal de Cristo Camino, Verdad y
Vida es algo que corre por mis venas y se traduce en don de amor momento tras
momento. Todo en mucha sencillez, como lo vi correr en la vida del Primer
Maestro. Él imprimió vivamente en mi corazón su fuego por Dios y por las almas,
me comunicó su urgencia. Mi misión Eucarístico-Sacerdotal-Litúrgica es una
irradiación de aquel "En el centro está Jesucristo Camino, Verdad y Vida".
27 de
febrero de 2003
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