Testimonios  
 

Alberione en mi vida de Discípula del Divino maestro
Testimonio de Sor M. Tiziana Dal Masetto, pddm
(profesa perpetua desde 1960. Misionera durante 40 años en Brasil, Islas Filipinas y Estados Unidos).
 

Ingresé entre las Discípulas del Divino Maestro el 11 de octubre de 1951, a los 14 años. Vi al Primer Maestro desde el banco de nuestra capilla, cuando él avanzaba despacio hacia el altar desde la nave central al canto del Veni, Creator Spiritus, para dirigir la meditación. Esta escena se repetía una o varias veces al mes. Aprendí pronto a centrarme totalmente en su persona, en sus ojos, en su palabra: comprendía y experimentaba que me unían a Dios.

Tanto en Alba como en Roma veía al Primer Maestro desde el banco de la capilla. Toda visita suya contribuía a dar más significado a mi vida y a mi vocación. Me parecía que él estaba enamorado de la vocación-espiritualidad-vida de las Pías Discípulas, y yo permanecía casi a su sombra, sencillamente, desde el banco de la capilla. Allí, sin ser observada, pero muy cercana a él, me fui viendo crecer en edad, sabiduría y gracia.

Con ocasión de la Profesión religiosa, las novicias pasamos el examen canónico con el Primer Maestro. Sentí cierto temblor en aquella circunstancia y me decía a mí misma: "¿Me leerá el alma? ¿Me dirá que no tengo vocación? ¿me mandará a mi casa?" Nada de todo esto, sino que me hizo algunas preguntas sencillas y me acompañó hasta la puerta con una  sonrisa.

Me impactó su mirada hacia lo alto, como hacia lo lejos. Pronto me di cuenta  de que "me parecía sentir lo que él sentía": El mundo me llamaba... Cuando se presentó la ocasión, me apresuré a manifestar a la Madre M. Lucía Ricci, entonces superiora general, que me gustaría ser misionera.

Atribuyo esta vocación a la influencia que ejerció sobre mí el Primer Maestro. Me pareció comprender que él ardía de celo por Dios y por los pueblos. Aquel "Cor Pauli cor Christi erat" que había leído en la balaustrada del Templo de San Pablo, me decía que el Primer Maestro era ahora el nuevo Pablo enamorado de Cristo. Más de una vez sentía mi corazón muy unido al de Pablo-Cristo-Alberione: mi corazón y el suyo, formando unidad.

Llegó el día de partir para la misión. Cuando fui a saludar al Primer Maestro, me preguntó: ¿Qué irás a hacer en Brasil?" Le respondí que me ocuparía de las jóvenes en formación. Me miró entonces atentamente y se puso a decirme de qué Maestro somos Discípulas. En un flash me hizo ver la Via Humanitatis.

Recuerdo que me dijo:

«Acuérdate de enseñar que el magisterio del Divino Maestro comienza cuando Dios dijo: "Sea la luz...", su magisterio prosigue a través de Abraham, Moisés, los Profetas... y finalmente con la anunciación del Verbo... y el Verbo se hizo carne y habitó entre nosotros... y caminó por los caminos de Palestina, enseñando, curando y haciendo el bien... Cuando llegó su hora, libremente se entregó a sí mismo, bendijo el pan diciendo: "Tomad y comed todos de él, esto es mi cuerpo...", después tomó el cáliz: levantando los ojos al cielo "Tomad y bebed: éste es el cáliz de la nueva alianza, derramado por vosotros y por muchos para el perdón de los pecados..." ¿Comprendes que éste es el magisterio terreno de Jesús Maestro?

Pero el punto central de su magisterio lo tenemos en su Pasión, Muerte, Resurrección y Ascensión al Cielo. Después envió el Espíritu Santo sobre la Iglesia...

¿Comprendes que Jesús Maestro prosigue su magisterio aquí en la tierra desde el Tabernáculo...? Es un magisterio eucarístico. Tendrás que ampliar mucho este tema a las jóvenes para que comprendan las virtudes eucarísticas de Jesús Maestro, su kénosis eucarística. Esto tiene una importancia vital para vosotras Pías Discípulas del Divino Maestro. Recuerda a la humanidad: ¿adónde va esta humanidad, qué camino recorre? ¿Qué Maestro la conduce? ¿Es el Divino Maestro Camino, Verdad y vida el guía de esta humanidad?»

A este punto, el Padre Alberione, fijándome, apoyó con fuerza la mano sobre la mesa y dijo: "¿Comprendes de qué Maestro sois Discípulas vosotras? Y fijando los ojos de padre en mis ojos, prosiguió: "El magisterio del Divino Maestro acompaña a través de los siglos a la humanidad en su regreso al corazón de la Trinidad de donde salió". Y añadió todavía: "No te olvides  del magisterio de Jesús Maestro glorioso en el seno de la Divina Trinidad. Así como lo prometió, ha ido a preparar un lugar para nosotros junto al Padre".

Saliendo de este encuentro, me sentí como si hubiese estado en el monte Tabor. Desde aquel mes de agosto de 1963 el magisterio universal de Cristo Camino, Verdad y Vida es algo que corre por mis venas y se traduce en don de amor momento tras momento. Todo en mucha sencillez, como lo vi correr en la vida del Primer Maestro. Él imprimió vivamente en mi corazón su fuego por Dios y por las almas, me comunicó su urgencia. Mi misión Eucarístico-Sacerdotal-Litúrgica es una irradiación de aquel "En el centro está Jesucristo Camino, Verdad y Vida".

27 de febrero de 2003
 

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