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Queridos
Sacerdotes, Hermanos y Hermanas de la Sociedad de San Pablo:
Cumpliendo
con la visita pastoral a esta parroquia, en el centenario del nacimiento dl P.
Alberione, su Fundador, y en a los treinta años del aniversario de la
consagración de este magnífico templo por el deseador, con viva conmoción
he venido a esta cripta para orar sobre la tumba del gran apóstol de las
"comunicaciones sociales". Y justo en este lugar tan íntimo para
ustedes y tan significativo, deseo hacerles llegar al Superior General y cada
uno de ustedes mi más cordial saludo.
Aquí, cerca de los restos mortales del P. Alberione, el pensamiento se dirige
a su apostolado, que ha sido y es todavía un gran don de Dios a la Iglesia y
a la sociedad.
El P. Alberione trabajó para sembrar a manos llenas el buen grano de la
Verdad, de la caridad, de la esperanza, de la gracia divina, con los medios de
la ciencia y de la técnica moderna.
Escribir, imprimir, difundir: este fue su programa al comienzo, al cual se
agregaron después la cinematografía, la discografía, la televisión; pero
sobretodo sintió fuertemente la necesidad y la misión de la prensa: "El
mundo vive del periódico - decía - y la mala prensa es la causa de muchos
males de la presente sociedad" y se encontraba angustiado por el
pensamiento que cada noche fuesen impresos millones y millones de periódicos
y revistas que sembrarían sobre la tierra el veneno del error y del pecado.
Sentía muy profundo y temeroso la necesidad de actuar con la buena prensa y
recta, de combatir el error, de enseñar la doctrina revelada por el Divino
Maestro, Camino, Verdad y Vida y comunicado por la Iglesia. Este fue su ideal,
para el cual fundó las distintas Instituciones masculinas y femeninas y pasó
a través de dramáticas dificultades, siempre con valentía y con mucha fe.
En este breve encuentro, cerca de su Fundador, deseo exhortarlos a seguir su
ejemplo y sus enseñanzas, y animarlo para que continúen con gran fervor y
con profunda convicción su obra. Es Jesús, el Divino Maestro, que se sirve
de ustedes de manera particular para difundir en el mundo actual con los
medios modernos el Evangelio, y todo el patrimonio doctrinal que desde éste
se ha desarrollado, sea en el campo del dogma como en el de la moral, la
ascética, el derecho. Sean siempre fieles a su "carisma", a su
ejemplo, a sus enseñanzas.
Como deseaba el P. Alberione siempre y antes que nada sobre su formación
espiritual, convencidos que el trabajo de ustedes es "sobre todo
cuestión de almas" y que su espíritu eminentemente evangélico y
apostólico es fuente de nuevas vocaciones y de ardiente perseverancia.
No obstante las dificultades objetivas del mundo moderno, particularmente de
la prensa y de los audiovisuales, y no obstante las preocupaciones que los
asedian por muchos motivos, continúen teniendo fe y valentía, poniéndose en
las manos de María, Reina de los Apóstoles. En una carta a los hermanos y
hermanas del Congo, el P. Alberione escribía: "Pónganse siempre en las
manos del Señor que son buenas manos. Vivir la intimidad con Dios es alegría
y gracia; en el contacto con Dios recibimos luz y orientación" (11 de
diciembre de 1962) María Santísima, que les exhorta a orar siempre con gran
afecto, les haga sentir esta íntima alegría.
Interceda por ustedes San Pablo, y les acompañe mi Bendición, que ahora
desde mi corazón les imparto y que extiendo a todos sus Co-hermanos y
Co-hermanas, con gran ánimo por el servicio que algunos de ellos prestan a la
Santa Sede.
Antes
de impartir la Bendición conclusiva, el Papa se ha agregado otra
importante consideración en su discurso:
Es
una herencia que su fundador les a dejado llamando su sociedad "Sociedad
de S. Pablo", ya que sabemos bien qué lleva consigo el nombre de: Pablo,
Pablo el Apóstol. Y se veía cuáles eran sus santas ambiciones, sus santos
deseos, llamando de esta manera su sociedad: quería que el espíritu de san
Pablo se encarnase en esta sociedad y se hiciera de nuestros tiempos. Cuántas
veces hemos oído decir: si S. Pablo viviese en nuestros tiempos, se haría
periodista, utilizaría la radio, la televisión, viajaría en los aviones -
el Papa intenta hacerlo -. Nuestras comparaciones son siempre insuficientes,
pero podemos siempre intuir esta aspiración que llevaba el P. Alberione para
llamar a su comunidad "Sociedad de San Pablo". No puedo dejar de
expresar mi admiración por su paternidad, fecundidad espiritual:
extraordinaria, estupenda al fundar tantas familias religiosas, en la homilía
he citado tres, pero son diez. San Pablo interceda por ustedes
Impartida
la Bendición, mientras la asamblea cantaba el "Salve Regina",
Juan Pablo II se acercó en oración delante de la tumba del P. Alberione y
del P. Timoteo Giaccardo, primer sacerdote de la Sociedad de S. Pablo,
después sobre la tumba de Madre Maria Teresa Tecla Merlo, cofundadora de
las Hijas de S. Pablo.
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