Testimonios - Papa Juan Pablo II  
 

DE VISITA AL SANTUARIO-PARROQUIA REGINA APOSTOLORUM 
(9 DE DICEMBRE DE 1984)

Queridos Sacerdotes, Hermanos y Hermanas de la Sociedad de San Pablo:

Cumpliendo con la visita pastoral a esta parroquia, en el centenario del nacimiento dl P. Alberione, su Fundador, y en a los treinta años del aniversario de la consagración de este magnífico templo por el deseador, con viva conmoción he venido a esta cripta para orar sobre la tumba del gran apóstol de las "comunicaciones sociales". Y justo en este lugar tan íntimo para ustedes y tan significativo, deseo hacerles llegar al Superior General y cada uno de ustedes mi más cordial saludo.

Aquí, cerca de los restos mortales del P. Alberione, el pensamiento se dirige a su apostolado, que ha sido y es todavía un gran don de Dios a la Iglesia y a la sociedad.

El P. Alberione trabajó para sembrar a manos llenas el buen grano de la Verdad, de la caridad, de la esperanza, de la gracia divina, con los medios de la ciencia y de la técnica moderna.

Escribir, imprimir, difundir: este fue su programa al comienzo, al cual se agregaron después la cinematografía, la discografía, la televisión; pero sobretodo sintió fuertemente la necesidad y la misión de la prensa: "El mundo vive del periódico - decía - y la mala prensa es la causa de muchos males de la presente sociedad" y se encontraba angustiado por el pensamiento que cada noche fuesen impresos millones y millones de periódicos y revistas que sembrarían sobre la tierra el veneno del error y del pecado. Sentía muy profundo y temeroso la necesidad de actuar con la buena prensa y recta, de combatir el error, de enseñar la doctrina revelada por el Divino Maestro, Camino, Verdad y Vida y comunicado por la Iglesia. Este fue su ideal, para el cual fundó las distintas Instituciones masculinas y femeninas y pasó a través de dramáticas dificultades, siempre con valentía y con mucha fe.

En este breve encuentro, cerca de su Fundador, deseo exhortarlos a seguir su ejemplo y sus enseñanzas, y animarlo para que continúen con gran fervor y con profunda convicción su obra. Es Jesús, el Divino Maestro, que se sirve de ustedes de manera particular para difundir en el mundo actual con los medios modernos el Evangelio, y todo el patrimonio doctrinal que desde éste se ha desarrollado, sea en el campo del dogma como en el de la moral, la ascética, el derecho. Sean siempre fieles a su "carisma", a su ejemplo, a sus enseñanzas.

Como deseaba el P. Alberione siempre y antes que nada sobre su formación espiritual, convencidos que el trabajo de ustedes es "sobre todo cuestión de almas" y que su espíritu eminentemente evangélico y apostólico es fuente de nuevas vocaciones y de ardiente perseverancia.

No obstante las dificultades objetivas del mundo moderno, particularmente de la prensa y de los audiovisuales, y no obstante las preocupaciones que los asedian por muchos motivos, continúen teniendo fe y valentía, poniéndose en las manos de María, Reina de los Apóstoles. En una carta a los hermanos y hermanas del Congo, el P. Alberione escribía: "Pónganse siempre en las manos del Señor que son buenas manos. Vivir la intimidad con Dios es alegría y gracia; en el contacto con Dios recibimos luz y orientación" (11 de diciembre de 1962) María Santísima, que les exhorta a orar siempre con gran afecto, les haga sentir esta íntima alegría.

Interceda por ustedes San Pablo, y les acompañe mi Bendición, que ahora desde mi corazón les imparto y que extiendo a todos sus Co-hermanos y Co-hermanas, con gran ánimo por el servicio que algunos de ellos prestan a la Santa Sede.

Antes de impartir la Bendición conclusiva, el Papa se ha agregado otra importante consideración en su discurso:

Es una herencia que su fundador les a dejado llamando su sociedad "Sociedad de S. Pablo", ya que sabemos bien qué lleva consigo el nombre de: Pablo, Pablo el Apóstol. Y se veía cuáles eran sus santas ambiciones, sus santos deseos, llamando de esta manera su sociedad: quería que el espíritu de san Pablo se encarnase en esta sociedad y se hiciera de nuestros tiempos. Cuántas veces hemos oído decir: si S. Pablo viviese en nuestros tiempos, se haría periodista, utilizaría la radio, la televisión, viajaría en los aviones - el Papa intenta hacerlo -. Nuestras comparaciones son siempre insuficientes, pero podemos siempre intuir esta aspiración que llevaba el P. Alberione para llamar a su comunidad "Sociedad de San Pablo". No puedo dejar de expresar mi admiración por su paternidad, fecundidad espiritual: extraordinaria, estupenda al fundar tantas familias religiosas, en la homilía he citado tres, pero son diez. San Pablo interceda por ustedes

Impartida la Bendición, mientras la asamblea cantaba el "Salve Regina", Juan Pablo II se acercó en oración delante de la tumba del P. Alberione y del P. Timoteo Giaccardo, primer sacerdote de la Sociedad de S. Pablo, después sobre la tumba de Madre Maria Teresa Tecla Merlo, cofundadora de las Hijas de S. Pablo.

 

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