Testimonios - Papa Juan Pablo II 
 

LA AUDIENCIA PONTIFICIA DEL 23 DE MARZO DE 1983

Recibir a la Familia Paulina, y recibirles a ustedes, queridos hermanos y hermanas, es para mí motivo de verdadera alegría. Y eso no sólo por la circunstancia inmediata, tan significativa, que ha sugerido este encuentro -es decir, recordar el inicio del centenario del nacimiento del Fundador, el sacerdote P. Santiago Alberione, y celebrar el 25° aniversario o el 50° de sacerdocio o de profesión religiosa de numerosos hijos e hijas- pero también por una razón de orden general que es la de establecer un contacto más cercano de intensa comunión "in fide et caritate" entre cada uno de ustedes y el sucesor de Pedro.

Los paulinos y las paulinas ya están presentes en todo el mundo con sus múltiples obras, con sus iniciativas apostólicas, con la inventiva de sus realizaciones en el vasto sector de los Medio de Comunicación Social. Son parte viva de la Iglesia y es, por eso, natural que no sólo sean conocidos, sino seguidos y animados en el fructífero ministerio de quien en la Iglesia tiene la más grave responsabilidad en orden y la adhesión al mandato supremo de Cristo: "Vayan por todo el mundo, y prediquen el Evangelio a toda criatura" (Mc 16, 15); "Vayan, pues, y enseñen a todas las naciones..." (Mt 28, 19).

Arbol con muchas ramas. Recorriendo la lista de las distintas congregaciones, Institutos y asociaciones, en la que se articula la Familia Paulina, a la que con incansable fecundidad dio origen el alma ardiente del Fundador, yo retengo que pueda ser ésta su definición más apropiada y comprensiva. Esta es un árbol con muchas ramas, porque desde la primera congregación de los sacerdotes y discípulos paulinos, fundada en el lejano agosto de 1914, a la más reciente congregación de las hermanas Apostolinas, fundada hacia el final de los años cincuenta, son nueve sus descendencias, a la que se puede anexar la numerosa y floreciente asociación de los Cooperadores. Y me complace recodar en este momento que una de estas ramas, la de las Pías Discípulas del Divino Maestro, tiene una comunidad que presta un servicio a la Santa Sede en el Vaticano.

Ella es un árbol porque en esta multiplicidad de ramificaciones, uno ha sido y continua el germen de origen y - lo más importante - es que única es la linfa vital que la alimenta y la desarrolla. Invariada, de hecho, y constante fue la idea que poco a poco sugería el P. Alberione para estudiar y actuar los posibles caminos de penetración y de nuevos modos de presencia en las llagas de la sociedad contemporánea, para buscar en ésta espacios para el Evangelio. Fue justamente ésta su búsqueda, que duró todo el período de su larga vida, que lo hizo muy querido a los Sumos Pontífices y de manera particular - como se sabe - a mi predecesor Pablo VI.

Llamando a sus fundaciones con el nombre de San Pablo, evidentemente el Padre de ustedes no se limitaba a una elección onomástica o verbal, sino que quería asirse del inconfundible espíritu y estilo del Apóstol de las gentes. En efecto, no sólo el nombre ni sólo el patrocinio, sino también y sobretodo la inspiración ideal y la espiritual alimentación que el P. Alberione quiso tomar de San Pablo, proponiéndose a sí mismo y a los que ya lo seguían en las primeras iniciativas, como a ustedes que lo siguen en el presente, una línea de apostolado abierto, actualizado, moderno, según las enseñanza y los ejemplos del mismo Apóstol. Como Pablo, fue siempre a la búsqueda de nuevas formas y de métodos creativos para anunciar a las personas a Cristo y su misterio (cf Ef 3,2-10), y en este contexto se encuadran sus viajes misioneros, sus cartas, su trabajo incansable, de esta manera les conviene mirar electivamente, para confirmarlo en la específica vocación y perseverar en la obra de acción original, generosa, sin ahorrar fuerzas ni sacrificios.

Es, pues, evidente cuál sea la linfa interior, que debe alimentar el Ministerio que realizan en la Iglesia y en la sociedad: es la caridad de la Verdad revelada por Cristo y por El confiada a los apóstoles y a sus sucesores, es decir, a la Iglesia, que la garantiza y la trasmite con su Magisterio auténtico y perenne.

Pero hay un sector, al cual los paulinos se dedican con particular atención: el de la prensa, para la preparación y la difusión de ediciones de libros y de periódicos cristianamente orientados y respondiendo por lo tanto a una finalidad pedagógica-formativa. Este sector es muy vasto e importante, porque, por un lado, se extiende y se conecta con el de los audiovisuales y, por el otro, toca muy de cerca - también en relaciones con tantas producciones moralmente equivocadas y dañosas - el problema de la educación cristiana de la juventud.

La misión de ustedes en el campo específico de la editorial es de impresionante actualidad y necesidad. El ideal de ustedes y la preocupación sean siempre eminentemente la formación humana, cristiana y católica. La de ustedes es una verdadera misión evangélica-eclesial: para esto han sido llamados, siguiendo las huellas del P. Alberione
   
Valga su alto ejemplo para estimularles y sostenerles en una tarea vigilante y activa, desinteresada y generoso, siempre inspirado en el auténtico espíritu evangélico.

En el sector de las comunicaciones sociales - como en otros - les anime siempre un auténtico espíritu de apostolado, de tal manera que sea constante su guía no el criterio del interés o de otras ventajas de orden temporal que una determinada iniciativa puede suscitar, sino únicamente el del bien que se podrá sembrar en la sociedad.

He definido al inicio la Familia de ustedes como un árbol con muchas ramas: esto no es más que un reconocimiento de lo que ustedes son y representan. Pero me gustaría concluir con el augurio: en la repetida fidelidad al espíritu y a la enseñanzas del Fundador yo les deseo que, por la multiplicidad de las iniciativas y por la riqueza de los buenos resultados, ella sea también y sobre todo un árbol que da muchos frutos. Con mi bendición apostólica.

   

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