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Introducción
Hermanos
y hermanas, nos hemos reunido para darle gracias al Señor por regalo de
Navidad que nosha dado con el anuncio de la beatificación de nuestro Fundador.
Cada eucaristía es una acción de gracias pero ésta lo es de manera
particular. Y las razones son muchas. Hoy, día de la Epifanía, damos gracias
a Dios por el llamado a la fe de todos los pueblos. Le damos gracias por
nuestra vocación paulina, don magisterial en la Iglesia. Le damos infinitas
gracias por la manifestación de la santidad que es posible en nuestros
institutos y ahora testimoniada por el P. Alberione.
Por todo esto, adoramos la divina Trinidad y pedimos perdón si nuestra vida
no es lo suficientemente santa para celebrar dignamente esta eucaristía.
Homilía
«Alzate,
revístete de luz, porque viene tu luz, y la gloria del Señor brilla sobre ti».
Estas palabras se dirigen hoy especialmente a nosotros, Familia Paulina,
llamada a hacer brillar en la Iglesia la luz del Señor, reflejada en nuestro
carisma y en el testimonio de nuestro Fundador. El es de hecho un testigo de
la Luz que continúa iluminando el mundo, la luz de Cristo Maestro y Pastor.
He aquí nuestra tarea. Nos los recuerda el mismo P. Alberione en abril de
1960: «La sabiduría y la caridad de Dios - dice - ha querido confiar a la
Familia Paulina una preciosa misión, de gran provecho para la Iglesia y para
toda la humanidad: conocer mejor, imitar, orar y predicar a Jesucristo,
Maestro único; y con él a María, con su título específico de Reina
de los Apóstoles, y San Pablo Apóstol, nuestro Padre y Maestro». Por
eso concluía: «Agradezcamos al Señor por este triple don. Cada año un paso
hacia delante: el Señor lo desea, nos protege con su gracia, prepara un gran
premio» (UPS II, 244).
Predicar a Jesús "Maestro único", difundir su luz. Esta fue la
preocupación constante de nuestro Fundador, como lo confirmó narrando el
"sueño" que todos conocemos: «No tengan miedo... Desde
aquí quiero iluminar». Significativa la explicación que nos dio,
insistiendo sobre aquella "luz del tabernáculo".
También es significativa la explicación del apostolado
paulino, que dio a los Cooperadores en los años 20, anunciando la construcción
del templo en honor a San Pablo. La Familia Paulina - escribió - nació para
"popularizar el Evangelio"; es como una madre que alimenta a sus
hijos con la gracia de Cristo "que está en medio de ella, expuesto
continuamente en la Iglesia y en los sectores de trabajo, y dice: Yo estoy
con ustedes, desde aquí quiero iluminar". Por eso "los que
reciben las ediciones que parten desde él [Cristo], reciben su luz, su
palabra, su Evangelio: luz que se llama libro, boletín, pero luz divina
que disipa las tinieblas, ilumina a los hombres, dirige hacia la vida
eterna" (Boletín Unión de Cooperadores de la Buena Prensa, 20 de
enero de 1925).
La fuente luminosa es siempre Jesucristo "expuesto continuamente en la
Iglesia". De esta manera la Iglesia de San Pablo "será el centro
del Camino, Verdad y Vida". Para esto, "es construida de manera
que se pueda permanecer en contínua comunicación con el Divino
Maestro". Esta Iglesia, se decía para concluir, debe demostrar una tesis:
"Como San Pablo [intérprete auténtico de Jesús, así también
nosotros] recogemos de los labios del Divino Maestro, bajo la sombra
protectora de la Reina de los Apóstoles, la divina Palabra, que a través
de la prensa se transforma en vida, camino y verdad para las almas" (UCBS,
15 de marzo de 1925).
Estas palabras, dichas hace casi ochenta años, son actualísimas, hecha la
exepción por el madurar de los medios y las modalidades, propias de cada uno
de nuestros Institutos.
El Cardenal Martini, comentando el evangelio y la colecta de esta fiesta, se
preguntaba qué significa hoy esta "estrella" con la cual Dios ha
revelado a las personas a su único Hijo. Y respondía: el astro que hoy guía
a las masas es el satélite de las telecomunicacione. Este nuevo astro guía
a las personas hacia muchas direcciones, difundiendo luces verdaderas o
ilusorias, que llevan a la verdad o que hunden en las tinieblas de la negación.
Es sobre este tipo de estrella que hoy es necesario dirigir los ojos y
cuestionarnos.
Así se cuestionaba el Cardenal Martini. Y así también hablaría hoy nuestro
Primer Maestro.
¿Qué espera él de nosotros, en este año de su beatificación? Orando por
esta tarea, le hemos pedido a Dios que él "sea para nosotros ejemplo
e intercesor en el camino de nuestra santificación y de nuestro empeño apostólico".
Ciertamente que el Señor, por la voz oficial del Magisterio, nos garantiza
que él será "ejemplo e intercesor", para nosotros y para todo el
pueblo de Dios. Nos tocará manifestarlo como tal, sea con la promoción de su
culto, sea sobre todo con nuestro estilo de vida, nuestra santidad.
Debemos ser también nosotros "santos y apóstoles", como él nos
deseaba. En la homilía de su misa jubilar, hablando de los primeros Capítulos
convocados por las tres primeras Congregaciones, confió: "La pregunta
fundamental que nos hacía a nosotros mismos, examinando el pasado y
escrutando el futuro, era la siguiente: "¿Estos institutos, en sus
constituciones, espíritu, apostolado, organizaciones, tienen una
espiritualidad y apostolado que pueda dar santos al cielo y apóstóles a
la Iglesia? Ninguno lo ha dudado" (29.06.1957, CISP p. 180).
Entonces, antes que nada la santidad; la de la
identificación con Cristo, de la caridad perfecta, de la fidelidad a los
votos, de la total consagración al servicio de Dios. Y después el ardor
apostólico, sobre "caminos de evangelización", para que la Luz
de Jesús Maestro Camino, Verdad y Vida se irradie en el mundo...".
Esta es la tarea de todos, y la que nos une como Familia Paulina: la
tarea de ser difusores de esta luz epifánica; apóstoles del Evangelio, como
"Pablo vivo hoy" y, como él, conciente de la gracia de vocación,
que se nos ha dado sin mérito.
No busquemos "epifanías" personales ni de congregaciones; sino la
manifestación de la gracia que se nos ha confiado, como servicio y como
carisma en la Iglesia. No miremos la gloria, mas bien realizar generosamente
el ideal de nuestro Fundador. Será nuestra tarea y nuestra gloria recoger su
herencia, - actuar con coraje y en fraterna colaboración en su proyecto, para
ser también nosotros "santos para el cielo y apóstoles para la
Iglesia".
Nos lo conceda el Señor por su misericordia.
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