Testimonios - P. Pietro Campus, ssp 
 

CELEBRACION DE ACCION DE GRACIAS
POR EL ANUNCIO DE LA BEATIFICACION DEL P. ALBERIONE
6 de Enero de 2003 - (Cripta "Regina Apostolorum")

Introducción

Hermanos y hermanas, nos hemos reunido para darle gracias al Señor por regalo de Navidad que nosha dado con el anuncio de la beatificación de nuestro Fundador. Cada eucaristía es una acción de gracias pero ésta lo es de manera particular. Y las razones son muchas. Hoy, día de la Epifanía, damos gracias a Dios por el llamado a la fe de todos los pueblos. Le damos gracias por nuestra vocación paulina, don magisterial en la Iglesia. Le damos infinitas gracias por la manifestación de la santidad que es posible en nuestros institutos y ahora testimoniada por el P. Alberione.

Por todo esto, adoramos la divina Trinidad y pedimos perdón si nuestra vida no es lo suficientemente santa para celebrar dignamente esta eucaristía.

Homilía

«Alzate, revístete de luz, porque viene tu luz, y la gloria del Señor brilla sobre ti». Estas palabras se dirigen hoy especialmente a nosotros, Familia Paulina, llamada a hacer brillar en la Iglesia la luz del Señor, reflejada en nuestro carisma y en el testimonio de nuestro Fundador. El es de hecho un testigo de la Luz que continúa iluminando el mundo, la luz de Cristo Maestro y Pastor.

He aquí nuestra tarea. Nos los recuerda el mismo P. Alberione en abril de 1960: «La sabiduría y la caridad de Dios - dice - ha querido confiar a la Familia Paulina una preciosa misión, de gran provecho para la Iglesia y para toda la humanidad: conocer mejor, imitar, orar y predicar a Jesucristo, Maestro único; y con él a María, con su título específico de Reina de los Apóstoles, y San Pablo Apóstol, nuestro Padre y Maestro». Por eso concluía: «Agradezcamos al Señor por este triple don. Cada año un paso hacia delante: el Señor lo desea, nos protege con su gracia, prepara un gran premio» (UPS II, 244).  

Predicar a Jesús "Maestro único", difundir su luz. Esta fue la preocupación constante de nuestro Fundador, como lo confirmó narrando el "sueño" que todos conocemos: «No tengan miedo... Desde aquí quiero iluminar». Significativa la explicación que nos dio, insistiendo sobre aquella "luz del tabernáculo".

   También es significativa la explicación del apostolado paulino, que dio a los Cooperadores en los años 20, anunciando la construcción del templo en honor a San Pablo. La Familia Paulina - escribió - nació para "popularizar el Evangelio"; es como una madre que alimenta a sus hijos con la gracia de Cristo "que está en medio de ella, expuesto continuamente en la Iglesia y en los sectores de trabajo, y dice: Yo estoy con ustedes, desde aquí quiero iluminar". Por eso "los que reciben las ediciones que parten desde él [Cristo], reciben su luz, su palabra, su Evangelio: luz que se llama libro, boletín, pero luz divina que disipa las tinieblas, ilumina a los hombres, dirige hacia la vida eterna" (Boletín Unión de Cooperadores de la Buena Prensa, 20 de enero de 1925).

La fuente luminosa es siempre Jesucristo "expuesto continuamente en la Iglesia". De esta manera la Iglesia de San Pablo "será el centro del Camino, Verdad y Vida". Para esto, "es construida de manera que se pueda permanecer en contínua comunicación con el Divino Maestro". Esta Iglesia, se decía para concluir, debe demostrar una tesis: "Como San Pablo [intérprete auténtico de Jesús, así también nosotros] recogemos de los labios del Divino Maestro, bajo la sombra protectora de la Reina de los Apóstoles, la divina Palabra, que a través de la prensa se transforma en vida, camino y verdad para las almas" (UCBS, 15 de marzo de 1925).

Estas palabras, dichas hace casi ochenta años, son actualísimas, hecha la exepción por el madurar de los medios y las modalidades, propias de cada uno de nuestros Institutos.

El Cardenal Martini, comentando el evangelio y la colecta de esta fiesta, se preguntaba qué significa hoy esta "estrella" con la cual Dios ha revelado a las personas a su único Hijo. Y respondía: el astro que hoy guía a las masas es el satélite de las telecomunicacione. Este nuevo astro guía a las personas hacia muchas direcciones, difundiendo luces verdaderas o ilusorias, que llevan a la verdad o que hunden en las tinieblas de la negación. Es sobre este tipo de estrella que hoy es necesario dirigir los ojos y cuestionarnos.

Así se cuestionaba el Cardenal Martini. Y así también hablaría hoy nuestro Primer Maestro.

¿Qué espera él de nosotros, en este año de su beatificación? Orando por esta tarea, le hemos pedido a Dios que él "sea para nosotros ejemplo e intercesor en el camino de nuestra santificación y de nuestro empeño apostólico". Ciertamente que el Señor, por la voz oficial del Magisterio, nos garantiza que él será "ejemplo e intercesor", para nosotros y para todo el pueblo de Dios. Nos tocará manifestarlo como tal, sea con la promoción de su culto, sea sobre todo con nuestro estilo de vida, nuestra santidad.

Debemos ser también nosotros "santos y apóstoles", como él nos deseaba. En la homilía de su misa jubilar, hablando de los primeros Capítulos convocados por las tres primeras Congregaciones, confió: "La pregunta fundamental que nos hacía a nosotros mismos, examinando el pasado y escrutando el futuro, era la siguiente: "¿Estos institutos, en sus constituciones, espíritu, apostolado, organizaciones, tienen una espiritualidad y apostolado que pueda dar santos al cielo y apóstóles a la Iglesia? Ninguno lo ha dudado" (29.06.1957, CISP p. 180). 

   Entonces, antes que nada la santidad; la de la identificación con Cristo, de la caridad perfecta, de la fidelidad a los votos, de la total consagración al servicio de Dios. Y después el ardor apostólico, sobre "caminos de evangelización", para que la Luz de Jesús Maestro Camino, Verdad y Vida se irradie en el mundo...". Esta es la tarea de todos, y la que nos une como Familia Paulina: la tarea de ser difusores de esta luz epifánica; apóstoles del Evangelio, como "Pablo vivo hoy" y, como él, conciente de la gracia de vocación, que se nos ha dado sin mérito.

No busquemos "epifanías" personales ni de congregaciones; sino la manifestación de la gracia que se nos ha confiado, como servicio y como carisma en la Iglesia. No miremos la gloria, mas bien realizar generosamente el ideal de nuestro Fundador. Será nuestra tarea y nuestra gloria recoger su herencia, - actuar con coraje y en fraterna colaboración en su proyecto, para ser también nosotros "santos  para el cielo y apóstoles para la Iglesia".

Nos lo conceda el Señor por su misericordia.

   

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