Testimonios - Mons. Luigi Bongianino 
 

HOMILÍA DE MONS. LUIGI BONGIANINO Obispo de Alba
28 de Noviembre de 1971 - Misa Fúnebre en el Templo de San Paolo - Alba

Aquella noticia que todos nos esperábamos según la ley inexorable del camino de cada criatura humana hacia la muerte, pero que el afecto nos hacía esperar siempre, desgraciadamente ha llegado el viernes pasado: el P. Santiago Alberione ha pasado a mejor vida.

El Señor Teólogo, el Primer Maestro, el Fundador, el Padre espiritual de miles de hijos e hijas no está ya entre nosotros con su cuerpo, con su organismo ya consumado por los 87 años de vida llena de un trabajo intensísimo, llena de preocupaciones y sufrimientos.

Desde todos los continentes hoy innumerables corazones se han dirigido a la Ciudad eterna, donde él ya falta; hacia aquella cripta que recibirá sus restos mortales y desde ahora en adelante se convertirá en meta de peregrinajes; hacia aquel lugar escogido por él, el mismo lugar que según la tradición indica como el lugar del martirio de S Pablo: S. Pablo, en el cual él siempre se inspiró.

Pero delante a este luto de las familias paulinas, el gran público, ignorante de muchos eventos, se preguntarán ¿"pero aún estaba vivo"?. El interrogante es motivado por dos circunstancias: antes que nada por que desde hacía tiempo no se escuchaba  hablar de él; por el otro los Institutos por él fundados son tan extensos y numerosos que parecen institutos de mucho tiempo.

Y así ha sido: desde hace años él se había retirado en su desierto espiritual, en el silencio, oración y sufrimiento, según aquel que parece el estilo de los grandes espíritus y sobre todo de los grandes Fundadores.

Ha sido en el silencio de una gélida noche invernal que trascurrió en nuestra Catedral de Alba cuando el Espíritu le hizo el don de sus carismas; y aún en el silencio y en la oración él ha trascurrido sus últimos años, implorando los mismos carismas sobre sus propios hijos espirituales, en un período histórico que marca caminos profundos en la vida de la Iglesia, y en los cuales es fácil equivocarse de camino o tomar mal el arado. La providencia ha dispuesto que restase en vida hasta que los Institutos fundador por él tuviesen encaminados los Capítulos especiales que, según el Concilio, deben señalar nuevas etapas para el futuro.

Ha desaparecido la semilla, la cual trasmite su fuerza vital a la platita y, cuando ésta está bien fuerte, se disuelve.

Nosotros nos encontramos en esta Iglesia, que él ha querido como Iglesia. De hecho, ante de él hubo iniciativas privadas en el sector de la actividad, pero faltaban los Institutos religiosos dedicados totalmente a ello.

El ha precedido con 50 años de anticipación al Concilio Vaticano II, en el cual el Decreto "Inter mirifica" por su parte es considerado un poco la cenicienta de los documentos conciliares. El P. Alberione ha visto bien, el momento justo; previó el inmenso bien que podía hacer, y pasó decididamente a la acción la cual es la que cuenta en la vida, también de la Iglesia.

En la fotografía su mirada ha esperado y sus labios están semicerrados, con un comportamiento de admirada atención y de profunda oración.

Estas han sido las características de su vida espiritual, heredada por sus hijos, tenaz y laboriosa y religiosa. Vivir intensamente, firmemente  querer; buscar con calma, para escoger la mejor solución; encontrarla, dedicarse totalmente a realizarla, con constante tenacidad y con mucha oración. Este era su ideal de conducta.

La primera idea de su apostolado había nacido en la oración: el camino le había sido indicado con claridad. Para otro proyecto o idea, él habría siempre recorrido los caminos. "Recuerden -siempre decía- que se va adelante a golpes de rosario y con horas de adoración".

Lo aprendió de otra alma albés, el Can. Chiesa, al cual le había unido la amistad. Este, en el 50 aniversario de su ordenación, había confiado en secreto: fidelidad a dos horas de adoración cotidiana delante al Divino Maestro, presente en la Eucaristía. Y es así como él ha fundado sus Institutos, reuniendo a su alrededor hoy más de 6.000 almas consagradas, en un creciente maravillosos que no puede no admirarse, cuando se ven Congregaciones viejas de siglos o desaparecer o agonizantes. Esta es la verdadera herencia espiritual que él ha dejado a la Iglesia: no solamente las casas, los templos y los instrumentos tipográficos, sino más bien estas almas que se sirven de los medios materiales indispensables para hacer el bien en un sector vital para la Iglesia. El Papa, visitándolo antes de morir, no sólo cumplido con un gesto de benevolencia, sino también manifestó la gratitud de la Iglesia.

El P. Alberione continúa la serie de los grandes sacerdotes piemonteses, como Don Bosco, el Cottolengo y Murialdo.

El ha querido dejar a sus familias espirituales además de sus ejemplos, otra herencia: las figuras de algunos entre aquellos que lo habían seguido desde los comienzos que habían entendido y realizado mejor el auténtico espíritu paulino, el cual lo entendía. Por este motivo ha querido que fuesen comenzadas las causas de beatificación del P. Giaccardo, Maggiorino Vigolungo, el Hermano Borello y M. Tecla. 

* * *

Pienso el don más agradable y la correspondencia más filial que las diversas familias paulinas pueden ofrecer a su Fundador sea la fidelidad sincera y, si el caso lo amerita, su espíritu paulino.

Además el Concilio Vaticano II indica en la "conservación fiel del propio espíritu" uno de los medios de renovación.

El espíritu paulino, a pesar de su modestia en las formas exteriores, profundiza las raíces en el Evangelio, y en la conformidad a Cristo: el Cristo pobre, humilde, virgen y crucificado. Un cristo conformado diversamente no sería aquel del Evangelio.

Para el P. Alberione llegó el evento del cual habla el Evangelio de este primer domingo de Adviento: la segunda venida de Jesús, que para cada hombre viene anticipada en la muerte y el juicio. El se ha presentado delante del Juez con las manos llenas de obras buenas.

Al ofrecer sufragios por su alma elegida, oramos para que sus ejemplos constituyan, ante todo para los miembros de sus Institutos - los cuales cada vez más descubran los tesoros de su herencia - y también para todos nosotros un ejemplo y un modelo de cómo asumir la fe de nuestros deberes cotidianos, en el amor a Dios y a los hermanos.

 
   

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