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«Hoy
el laicado católico está particularmente movimentado y comprometido en muchas
actividades. Los mejores sienten muy viva la necesidad de contribuir a salvar a
la humanidad frente al materialismo, el ateísmo, el anticlericalismo masónico.
Y son muchos los jóvenes y personas adultas –hombres y mujeres– deseosos de
atender a la propia santificación en un género de vida estable, organizada
jurídicamente y guiada por la obediencia, pero sin entrar en los Institutos
tradicionales, es decir, sin dejar el propio ambiente de vida y de apostolado…».
Estas
palabras las escribió y pronunció el P. Alberione durante el histórico curso
de Ejercicios Espirituales de un mes, que él quiso hacer, en abril de 1960, con
los cohermanos más ancianos de la Sociedad de San Pablo, casi para comunicarles
sus ansias espirituales y apostólicas, y entregárselas como "herencia
testamentaria".
¿Cuántos
de nosotros conocemos realmente "el ansia" y "los proyectos"
que el P. Santiago Alberione nutría para con los seglares? Es evidente que,
sobre todo a partir de la famosa "noche de luz" del 31 de diciembre de
1900 al 1° de enero de 1901 –cuando tuvo la iluminación de fundar la Familia
Paulina–, él trataba de coimplicar al mayor número posible de personas
pertenecientes a las más variadas categorías en el carisma y en la misión que
el Señor le había comunicado. «Venid todos a mí»: "oyó"
una voz proveniente del sagrario … «Todos y todas» con la finalidad
común de descubrir, vivir, testimoniar y anunciar a Jesucristo, Camino, Verdad
y Vida.
Han
pasado ya más de cuarenta años desde entonces. Pero, aparte el modo de
expresarse propio de aquel tiempo, esas palabras resuenan con una actualidad
indiscutible y cada vez más exigente.
La
"visión" que el jovencito Alberione tuvo aquella famosa noche-puente
entre los siglos XIX y XX, cuando «vagando con la mente en el futuro, le
parecía que en el nuevo siglo personas generosas sentirían cuanto él sentía»
(AD 17), fue realizándose según los tiempos y modalidades trazados por la
Providencia. Es ya bien conocida la progresiva sucesión del nacimiento y de la
formación de las principales instituciones que componen la Familia Paulina: Sociedad
de San Pablo (1914), Hijas de San Pablo (1915), Unión de
Cooperadores (1917), Hermanas Pías Discípulas del Divino Maestro
(1924), Hermanas Pastorcitas (1938), Hermanas Apostolinas (1957).
Menos conocida parece ser, en cambio, la serie de fundaciones concernientes a
los últimos cuatro Institutos, los "Institutos de vida secular
consagrada, agregados a la Sociedad de San Pablo": el Inst. San
Gabriel Arcángel (1958), el Inst. Virgen de
la Anunciación (1958), el Inst. Jesús Sacerdote
(1960) y el Inst. Santa Familia (1960).
En
este articulito nuestra atención se detiene en los primeros dos Institutos de
vida secular consagrada, "agregados" a la Sociedad de San Pablo: el Inst.
San Gabriel Arcángel y el Inst. Virgen de la Anunciación.
Del
laicado "comprometido" a un laicado "consagrado"
De
suyo, ya la aprobación de la Unión de Cooperadores Paulinos,
obtenida del obispo de Alba en 1918 por el P. Alberione, equivalió al primer
reconocimiento e involucración del laicado que nuestro Fundador quería asociar
al carisma paulino y a la evangelización con los medios de la comunicación
social.
Pero
en su corazón se gestaban otros específicos gérmenes fundacionales, aunque el
proceso resultaría largo y ajetreado.
Es
verdad que, en la Iglesia, los primeros albores de un naciente laicado
consagrado se remontan a finales del 1700; pero sólo hacia la conclusión
del 1800 encontramos casos concretos debidamente aprobados; y habrá que esperar
hasta 1947, cuando el papa Pío XII promulga la Constitución Apostólica Provida
Mater, para que se dé el reconocimiento general y se aliente decididamente
la vida cristiana consagrada "en la secularidad", o sea permaneciendo
en el propio ambiente y trabajo; más aún, haciendo de ello, mediante la
consagración de los votos evangélicos de pobreza, castidad y obediencia, un
privilegiado instrumento de evangelización y de santificación del mundo.
El P.
Alberione, por su parte, aun habiendo esperado durante más de cuarenta años la
hora de Dios, aguardó todavía para iniciar "sus" Institutos de Vida
Secular Consagrada, pues seguía siempre la idea de que «no conviene forzar la
mano de Dios, sino más bien secundarla».
La
hora de Dios sonó en 1957 con el "Breve" del recordado Pío XII, que
proclamaba a San Gabriel Arcángel "patrón de las comunicaciones sociales":
San Gabriel, el arcángel del anuncio de la encarnación y de la salvación de
la humanidad; y, casi en paralelo, María Sma. de la Anunciación, la que acoge
la salvación y la comunica a la humanidad.
Exactamente
un año después, en 1958, el P. Alberione da vida al Instituto San
Gabriel Arcángel (para hombres, jóvenes y adultos) y al Instituto Virgen
de la Anunciación (para mujeres, jóvenes y adultas). Dirá: Seréis
laicos, sin ningún signo distintivo religioso, viveréis en casa, actuaréis en
la escuela, en las oficinas, en las fábricas y desempeñaréis vuestro
testimonio desde dentro de estas instituciones, pero siendo consagrados…
Seréis "sal" y "levadura" en el mundo contemporáneo…
Estaréis consagrados a Dios y dedicados al apostolado en el mundo y con los
medios del mundo…, para que a todos los hombres les sea anunciado Cristo, que
responde a todas las expectativas del espíritu humano, más aún, las supera:
Cristo, Camino, Verdad y Vida… La Sociedad de San Pablo, que es como la madre
de los demás Institutos, debe darles el espíritu paulino… El calor y la luz
vital deben descender de los Sacerdotes paulinos, que tienen en esto un gran y
delicado ministerio… Dar a Jesucristo al mondo, de modo completo, como El se
definió: Yo soy el Camino, la Verdad y la Vida. Quedan así substanciadas
la vocación y la misión de estos paulinos y paulinas de vida secular
consagrada.
A
cien años de la primera intuición; a casi cincuenta de la efectiva fundación,
y a más de treinta desde el regreso del Fundador a la casa del Padre, tenemos
la seguridad de que él, hoy más que en años pasados, lanzaría la voz a estos
hombres y mujeres, a quienes, con gran estima y confianza, consideraba como un
"ferviente movimiento de almas generosas".
El
tiempo avanza. La Iglesia crece y madura. Muchos sueños y esperanzas se hacen
realidad.
El 26
de noviembre de 2000, exactamente en el aniversario 29 de su muerte, desde el
cielo, nuestro Venerable Fundador habrá gozado y aplaudido por lo que el
anciano y siempre vibrante papa Juan Pablo II dijo, dirigiéndose al nutrido
grupo de peregrinos reunidos para el denominado Jubileo de los Laicos
comprometidos, entre los cuales, más comprometidos que nadie, deberían
estar precisamente los "laicos consagrados":
«Queridísimos,
con el Concilio, en la Iglesia ha sonado de veras la hora del laicado, y
tantos fieles laicos, hombres y mujeres, han comprendido con mayor claridad la
propia vocación cristiana, que por su misma naturaleza es vocación al
apostolado (cf. Apostolicam actuositatem, 2). […] Desde entonces ha
florecido una dinámica estación agregativa, en la que junto al
asociacionismo tradicional han surgido nuevos movimientos, sodalicios y
comunidades (cf. Christifideles laici, 29). Hoy más que nunca,
queridísimos hermanos y hermanas, vuestro apostolado es indispensable para
que el Evangelio sea luz, sal y levadura de una nueva humanidad.
¿No
os ha recordado el Concilio vuestra participación en la función sacerdotal,
profética y regia de Cristo? A vosotros, los Padres conciliares encargaron, de
modo especial, la misión de "buscar el Reino de Dios ocupándose de las
cosas temporales y ordenándolas según Dios" (Lumen gentium,
31).
Queridísimos
fieles laicos, como testimonios de Cristo, estáis llamados, especialmente
vosotros, a llevar la luz del Evangelio a los ganglios vitales de la sociedad.
Estáis llamados a ser profetas de la esperanza cristiana y apóstoles del
"que es, que era y que viene, el Omnipotente!" (Ap 1,4).
Queridos
hermanos y hermanas, no tengáis miedo de aceptar este desafío: ser
hombres y mujeres santos. No olvidéis que los frutos del apostolado
dependen de la hondura de la vida espiritual, de la intensidad de la oración,
de una formación constante y de una adhesión sincera a las directrices de la
Iglesia.
Os
aguardan cometidos y metas que pueden parecer desproporcionados a las fuerzas
humanas. ¡No os desaniméis! "Quien dio principio a vuestra buena empresa,
la llevará a término " (Flp 1,6). Conservad siempre fija la
mirada en Jesús. Haced de Él el corazón del mundo».
¿Por
qué no ver en estas expresiones del Papa una ratificación de lo que dijo para
todos nuestro querido Padre Fundador?
¡Cristo,
Camino, Verdad y Vida, reine en el mundo! La Familia Paulina tiene en esto una
amplia tarea y responsabilidad (AD
63). "Vosotros sois sal, vosotros sois luz, vosotros sois ciudad
situada sobre el monte" respecto al mundo. Es el pensamiento del divino
Maestro…(AD 87). Cada cual piense que es transmisor de
luz, altavoz de Jesús, secretario de los evangelistas, de san Pablo, de san
Pedro… (AD 157).
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