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«¿Dónde
camina, cómo camina, hacia dónde camina esta humanidad?», se preguntaba el P.
Alberione, mirando a las personas que en los primeros decenios del siglo pasado
se enrolaban en las varias corrientes ideológicas del tiempo. El ansia de
evangelizar a un mundo que le parecía ir hacia la descristianización, le
convenció de que debía hacer algo por quien andaba desorientado. Así maduró
la idea de fundar Congregaciones religiosas que con su acción ofrecieran
respuestas existenciales centradas en los valores de la fe.
En
1915, algunas jóvenes a las que el P. Alberione daba catequesis, abrieron un
taller-costurería en la plaza Cherasca de Alba, para confeccionar prendas
militares (estaba en curso la guerra de 1915-1918). Sucesivamente, aquellas
muchachas serían las primeras Hijas de San Pablo
(más conocidas como Paulinas).
La ocasión para pasar de las máquinas de coser a las máquinas tipográficas
llegó inesperadamente, cuando el obispo de Susa (Turín), queriendo potenciar
el semanario diocesano "La Valsusa", pidió ayuda al P. Alberione. La
experiencia no duraría mucho, pero la orientación fue tomando consistencia y
el grupo de las religiosas aumentaba. Del pequeño núcleo guiado por Teresa
Merlo (llamada hermana Tecla, la primera Superiora general, considerada por
todas como la Primera Maestra), surgió una Congregación que en 1953 obtuvo la
aprobación pontificia. La buena prensa, como solía llamarse el libro o la
revista que ellas difundían pasando casa por casa, se completó con otros
instrumentos, como la radio, la TV, Internet, los audiovisuales.
Las
religiosas Paulinas desarrollan su actividad en librerías, en centros
editoriales, en iniciativas multimediales para la difusión de la Biblia y de
los valores cristianos. Se sienten impulsadas también por la diversidad de
cultura y de religión. Su trabajo, a veces duro y poco entendido por los
usuarios, no permite detenerse a descansar en las metas alcanzadas. La
tecnología y la electrónica caminan con pasos de gigante y las Paulinas tienen
que proseguir siempre. Su lema, "lanzarse adelante", tan del gusto del
Fundador, se sustancia en la oración, nutrida diariamente de Eucaristía, de
Palabra de Dios y de cotejo con los acontecimientos sociales. Las Paulinas
están comprometidas a seguir la cultura de hoy en fuerza de una opción radical
por el Evangelio, sin detenerse ni fosilizarse.
Viviendo
en pobreza, orando, trabajando y estudiando se mantienen en viva tensión,
dentro de los consabidos límites humanos, pero con todo su ser y en el cauce de
la vida de la humanidad, sea que ésta sufra, goce o incluso se expansione,
según las circunstancias.
"Vuestros
confines son los confines del mundo", decía el P. Alberione a sus
seguidoras. Las Hijas de San Pablo han creído en este mensaje y lo han adoptado
sobre todo en la tarea apostólica.
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